sábado, 1 de septiembre de 2012

De Atanael y Sindara Capitulo I "La Casa de Atanael"






I.- La Casa de Atanael.

Un fuerte estruendo arrebató a Atanael de sus pensamientos, la realidad cayó sobre el como balde de agua helada.
-¡Toma la pinza con fuerza Atanael!- resonó la voz de su padre, quien golpeaba el marro sobre el yunque.
-¿Otra vez en tus fantasías? ¡Mas vale que pongas atención si no quieres perder la mano!
Atanael levantó las pinzas con las que sujetaba un trozo de metal al rojo vivo que daba la apariencia de quererse convertir en un yelmo, se ajustó los guantes de piel de carnero y regresó a su tarea, cuatro golpes mas y girando con maestría las pinzas, el metal comenzó a curvarse hasta quedar con una forma ovalada, a un gesto del enorme fiöna que tenía enfrente, Atanael sumergió las pinzas en el agua y una gran columna de vapor subió hasta el techo del taller, el calor le brincaba a la cara y un penetrante olor a carbón se le metió hasta el fondo de los pulmones, soltó las pinzas por unos instantes y corrió al extremo del taller donde abatió tres veces un fuelle que avivaba la fragua.
Atanael gustaba del puesto de aprendiz junto a su padre, el trabajo duro y artístico que allí se realizaba era apreciado en todo Anthoras, su aldea, y hasta en varios poblados a la redonda.
El taller de Tandras era uno de los más grandes y remunerados de la región, cobijando a cuatro oficiales y varios aprendices, gran variedad de trabajos se le encargaban al taller, desde utensilios de montura, frenos, estribos y herraduras, hasta grandes obras de arte como escudos, armaduras y armas con joyas engarzadas, el muchacho se esforzaba por ser un buen aprendiz y dar el ejemplo a los demás, pues como primogénito de la familia, algún día heredaría el negocio de la familia y se convertiría en el gran maestro del taller.
Hoy tenía prisa por acabar con las tareas del taller y su mente no alcanzaba a concentrarse en una cosa, no era un día común, una caravana de viajeros había llegado la noche anterior. No era común que gente de Fionavul viajara tan al norte, en ocasiones cuando se requería comunicación formal entre los reinos de Fionavul, los Fiönas acostumbraban enviar caravanas formadas por gente de los tres clanes para atender en un solo viaje varios asuntos. 
Esta en particular llevaba como destino las tierras de Debraham al otro lado de las montañas Escarlata, mas allá de las fronteras de los dominios Fiönas.  Anthoras era el último poblado antes del paso de Trabäla, el único lugar por donde podía cruzarse la gran cordillera.
Atanael había visto la columna de polvo levantada por la caravana desde el día anterior y ansiaba echar un vistazo en el campamento que ya habrían levantado a las afueras de Anthoras.
Los viajeros provenían de todos los rincones de Fionavul, Fiönas provenientes de Nolthorión la capital del clan Centhor, mensajeros Andüy originarios del bosque de Semfonth ¡y lo mas notable! fiönas Sindarel de Mör Sindol mas allá de las desiertas tierras de Linthuán, Atanael jamas había visto Fiönas del clan Sindarel, ¡y hoy tendría la oportunidad de conocerlos!
De nuevo las palabras de su padre lo regresaron al mundo.
 – ¡Atanael! ¿Esperaras hasta que haya que volver a encender la fragua? Abatió con fuerza el fuelle hasta que las brazas tomaron un color blancuzco y una leve capa de llamas azules se levantó, como daga se clavaba en él la mirada bicolor de su padre, un ojo color amarillo como el trigo y otro azul lo delataban como un híbrido de dos clanes, Cëntor y Andüy, no eran muy comunes en esos tiempos las mezclas entre clanes y el color de los ojos era distintivo para cada clan, Amarillo para el Andüy, Azul en el Cëntor y Plata para los Sindarel, Atanael por su parte había heredado los característicos azules pues aunque su padre era híbrido, su madre tenia sangre Cëntor pura y esto había equilibrado la balanza de ese lado de la familia. 
El taller era un mar de ruido con Fiönas yendo y viniendo ocupados en cuadrillas para el desarrollo de cada uno de los proyectos encargados al gran maestro.
Aunque Tandras se ocupaba de un proyecto en particular, tomaba pequeños descansos mientras revisaba y supervisaba el trabajo de sus empleados, todas las cosas que se elaboraban allí, por simples que fuesen, eran marcadas con el sello del taller grabado en el sitio menos pensado de la pieza, de esta forma, todo el trabajo que saliese del taller de Tandras podía rastrearse y comprobar así la autenticidad de su factura.
Gente iba y venía desde los almacenes a la fragua y a los diferentes cubículos dispuestos  en hileras dentro de una gran nave construida enteramente en madera de Zámbalo una rara especie que solo crecía en el bosque de Anthoras, muy cerca de la aldea y que era muy resistente al fuego.
Enormes columnas de madera color escarlata labrada sostenían la viguería de la cubierta reforzada en sus aristas con placas de metal grabado con imágenes de bestias y plantas de la región, muy a la usanza de las construcciones Fiönas, famosas por su rigidez y belleza. Un gran óculo permeaba los últimos rayos del sol al frente del taller y en este, un hermoso vitral con el emblema de la familia de Atanael daba la bienvenida a los clientes de la fragua.
Pareció una eternidad antes de que llegara el fin de la jornada y Atanael pudo salir rumbo al campamento de los viajeros.
Se quitó el delantal de cuero y con la cara llena de hollín salió corriendo para aprovechar las últimas horas del día. Ascendió por la calle principal de Anthoras que se encontraba en las inmediaciones de una loma con rumbo a la entrada septentrional de la aldea y al llegar a la punta del túmulo pudo ver un caótico tejido de carpas donde estaba ya reunida toda la población de Anthoras.
El bullicio de la gente lo distraía, pero un destacamento de la guardia real captó su atención, jinetes con armaduras de color verde que lanzaban destellos cegadores y enormes escudos con el emblema de Nolthorión, la ciudad plateada hogar de la nobleza Cënthor, Atanael se quedo unos instantes apreciando el regio porte de los soldados, hermosos Fiönas de enorme talla con ojos relampagueantes y brazos como de metal. La  milicia en Nolthorión era considerada una sagrada vocación y los soldados se consagraban desde muy temprana edad en el templo de Danül, donde se entrenaban en las artes militares y se forjaba su temple, su coraje, valor para fomentar la nobleza y la virtud del alma Fiöna en memoria de la advertencia de Danül y su sagrada palabra de esperanza.
Un soldado lo miro fijamente y esbozando una cálida sonrisa lo saludó.
 –Que Danül guarde tus días, hijo de Tandras. Atanael reconoció al soldado después de que este dio vuelta a su escudo, dejando ver el sello del taller en la hermosa pieza de orfebrería, este era un nativo de Anthoras.
-¡Galel! Dijo Atanael ¡Cuantos años sin verte! supimos que estabas asignado en la muralla septentrional desde hace mucho tiempo, mi padre estará feliz de saludarte.
-¡Muy bien! contestó el soldado, mas tarde podremos conversar en la taberna
-¡Es un trato! contestó Atanael y se internó entre las carpas.
Deambuló durante mucho tiempo por las distintas tiendas, llenas de fascinantes personajes y objetos que lo hicieron transportarse como por arte de magia a infinidad de lugares de donde estas provenían, soñaba con conocer todos aquellos lugares de los que solo había escuchado historias y leyendas, le fascinaba escuchar todo lo que los viajeros tenían que contar, increíbles historias ensalzadas con sucesos donde la magia y extrañas criaturas eran el elemento central, además de las últimas noticias de todos los extremos de Fionavul.
 Se detuvo en un lugar en particular, una carpa de color verde donde había dispuestos en una mesa, toda clase de instrumentos científicos de medición, grandes burbujas de cristal con diminutos mecanismos por dentro, enormes telescopios, sextantes, brújulas y astrolabios. Una voz conocida lo atrajo, en un rincón de la carpa conversaba un Fiöna de corta estatura y un vientre descomunal con un anciano de cabellos largos y plateados que fumaba una pipa, el viejo era el abuelo de Atanael, su nombre era Tädros quien, aunque herrero de profesión, siempre había guardado especial predilección por la ciencia y la astronomía, ahora en su retiro se había entregado de lleno al estudio y la experimentación de cuanta cosa se le atravesaba. Atanael le tenía en especial estima, y bajo la desaprobación de su padre pasaba la mayor parte de su tiempo libre, escuchando y aprendiendo todo lo que Tädros podía trasmitirle, se acercó tímidamente a escuchar lo que conversaban, algo acerca de la dimensión exacta del mar Eterno ubicado en el extremo occidental del continente.
-Este es mi nieto Atanael. Dijo Tädros. Estoy seguro de que podrá decirte una cosa o dos acerca del diseño de los últimos sextantes que usan los marinos del sur para bordear las costas de Isim Loth.
El muchacho tartamudeó un poco y el viajero se adelanto.
-Nadie navega como los Sindarel, si quieres aprender algo acerca de la navegación deberías navegar en aquellas hermosas embarcaciones, son tan grandes como una montaña y maniobran ligeras como una hoja en el agua
Tädros que a su vez también había aprendido su oficio por herencia de muchas generaciones, difería del carácter propio de su familia, gente sencilla de brazos fuertes para el trabajo pero de mente débil para la razón. Tädros tenía algo diferente, algo que le brotaba por la piel, Atanael siempre se fascinó de esto y es que pareciera que el abuelo supiera algo que nadie mas sabía, un secreto entrañable que siempre quiso averiguar, y aunque el pequeño conoció a su Abuelo cuando éste era ya un viejo, guardaba aún su vigor y siempre tenía un brillo muy especial en los ojos, impresionando a todos los que lo conocían, decían incluso, que en cierto grado Tädros tenía el carácter de los altos señores Fiönas que conquistaron toda la tierra y que en él había algo de ésa nobleza y espíritu guerrero. 
Atanael podía pasar horas escuchando las historias que su abuelo contaba pues había viajado mucho.
Tandras, el padre de Atanael no se alegraba mucho de esto, decía que el viejo solo lo distraía de su trabajo, y que había muchas otras cosas más importantes por aprender.
El padre de Atanael nunca tomó muy en serio las advertencias de Tädros, quien le repetía que  Atanael jamás podría aprender el oficio de su familia y que estaba destinado a cosas más grandes y gloriosas que un martillo, hollín y un desgastado yunque.
Atanael se limitaba a observar sin descuidar las enseñanzas de su padre a quien  respetaba y amaba mucho.
Tädros y Atanael pasaron lo que quedaba del día conversando con aquel mercader, poniéndose al día con los últimos adelantos científicos, probando los utensilios.
 La noche ya había caído y se disponían a regresar a su casa cuando ya en las afueras del gran campamento se encontraron con una hoguera encendida y varios Fiönas que se reunían en torno a ella, el viejo tomo el brazo de Atanael y lo detuvo.
-Sentémonos por un momento, aquí hay algo digno de ver.
Se sentaron y esperaron durante un buen rato, cuando estuvieron reunidos suficientes viajeros, una extraña ansia se sentía en el ambiente.
De pronto todos guardaron silencio, pequeños cuchicheos sonaron por aquí y allá cuando de entre la gente salió un anciano.
Su piel era gris y arrugada, una larga cabellera plateada sujetada en dos trenzas le colgaba por la espalda, y finas cadenas de oro sujetaban una barba que pendía hasta el vientre, vestía una túnica de color púrpura con garigolas bordadas en una extraña filigrana de color dorado, pero lo que mas impresionó a Atanael fueron los brillantes ojos color plata que resplandecían en el rostro del anciano, el reflejo del fuego en sus ojos hacía que el rostro pareciera tan joven como Atanael. Este era un Fiöna del clan de los Sindarel, El clan que había emigrado al sur muchos años atrás, Atanael solo conocía a esta gente en leyendas que le contaran cuando era niño, muchas veces había dudado de la existencia de estos seres pues no había señales de ellos en ninguna parte de Anthoras o Nolthorión incluso.

-¡Thaëlel! resonó la voz del Fiöna como roca al quebrarse.

-Thaëlel es la voz que jamás deberán olvidar, es la implacable espada que mantiene a Hessya a raya, desterrado en la oscuridad del olvido donde no podrá dañar el corazón de los Fiönas, escuchen con atención lo que hoy voy a contar, he aquí la historia que Danül nos encomendó a contar por siempre para que no vuelva a derramarse la sangre de los hermanos sobre las espaldas de su hija que tan amorosamente nos acoge.

Mucho tiempo atrás, cuando la tierra de Danül era incorrupta y pura, la memoria de los Fiönas se nubló por el olvido mientras Hessya acechaba por el mundo, buscando precisamente esa nube que le permitiese encarnarse en el cuerpo de los hijos de de la Primera Madre.
Sucedió que Yännen, el soberano jefe del clan Sindarel cegado por el deseo, la envidia y la ambición fue el primero en sucumbir y engendrar dentro de él la semilla de Hessya.
Yännen se encontraba cazando en las inmediaciones del tridente de Daicúm, en la frontera oriente de Semfonth, tierra de los Andüy, llevaba ya varios días siguiendo de una manada de bestias y ansiaba cazar al líder, lo había seguido durante nueve días, era una noche clara y la luna brillaba llena sobre las planicies.
 Yännen se ocultó tras una arboleda mientras observaba a la manada estrechamente reunida mientras dormía, afinó su puntería, tensó su arco y tras un leve suspiro se dispuso a disparar. De pronto, algo hizo alterarse a la manada y las bestias corrieron despavoridas mientras que el semental líder caía pesadamente muerto sobre la hierba, los ojos de Yännen no creían lo que sucedía, una silueta se deslizó de la espesura y avanzó hacia el preciado trofeo de Yännen, lleno de rabia saltó para reclamar la pieza de caza al atrevido ladrón.
Desenvainando su espada Yännen se acerco al cazador que miraba a su presa de cerca envuelto en una capa con capucha que le cubría el rostro, cuando estuvo suficientemente cerca, este giró y le acertó un puntapié en el rostro que lo lanzó al suelo, con la velocidad del rayo el encapuchado puso un pie sobre el cuello del monarca y la hoja de su espada en medio de sus ojos, Yännen distinguió el brillo amarillo en los ojos de su oponente y gritó con furia: 
¡Maldito Andüy no sabes con quien estas tratando, soy Yännen líder de la casa Sindarel, vamos, clava tu espada en mi frente y comenzaras una guerra!
 El furtivo cazador dio un paso atrás y envaino:
-Pues eres un monarca muy descuidado entonces.
Diciendo esto retiro la capucha, una larga cabellera brilló a los rayos de la luna, roja como la arcilla, su piel era pálida, contrastaba con unos delicados labios rojos, la doncella le extendió la mano y lo ayudó a incorporarse. Yännen quedó paralizado frente a la belleza de la mujer, quien le habló con tono severo y casi gritando dijo:

-¡Grande es tu osadía al atacarme de esa manera, soy la princesa Müna hija de Gëleb señor de Semfonth y de toda la casa Andüy. Agradece a Danül que mi guardia se encuentra lejos pues de lo contrario ya estarías muerto!

Yännen haciendo un esfuerzo respondió:
-Solo estoy cazando por estas tierras y esa que mataste es la presa que sigo desde hace ya nueve días, creo que tengo derecho a reclamarla.

Müna retiró su espada y ayudó a incorporarse al Sindarel.
-Si es cierto lo que dices, no tienes nada que temer, pero si mientes, te arrepentirás de haber puesto pié en Semfonth, sígueme al campamento.

La mujer se escabulló entre la maleza y regreso jalando un pequeño carromato.
- Antes de discutir a quien le pertenece la presa debemos moverla de aquí o las fieras darán cuenta de ella.
Subieron el animal al vehículo y emprendieron la marcha por un pequeño sendero, no recorrieron mucha distancia antes de llegar un campamento plagado de guardias y sirvientes que atendían a la princesa.
Después de dejar la presa a cargo de los sirvientes Müna lo condujo a una tienda donde estaban ya dispuestas viandas para los cazadores.
Yännen no daba crédito a la sorpresa de haberse encontrado con una doncella en esas condiciones.

La princesa llamó a unos guardias y en voz baja les dijo:
-Vayan con mi padre y díganle que tengo bajo mi custodia a quien dice ser Yännen, señor de los Sindarel, necesito estar segura de su identidad para actuar en consecuencia-

Los soldados partieron en el instante y la dama se dirigió a Yännen:
-Puedes pasar la noche aquí, pero ten cuidado, apostaré guardias en la entrada de la tienda.
Inmediatamente la princesa se retiró y Yännen se acurrucó en un montón de pieles que había al centro de la tienda.

A la mañana siguiente antes de que amaneciera, lo despertó el ruido de los caballos que llegaban, se levanto y dio un vistazo entre las mantas de la tienda, el rey había llegado con un grupo de soldados. Desmontó, saludó a su hija y se dirigieron a la tienda de Yännen, el rey fue el primero en entrar, sus amarillos ojos resplandecían con las primeras luces del día, una corta barba, roja como los cabellos de su hija cubría su rostro.
El rey Gëleb de Semfonth era un Fiöna joven como Yännen y los dos soberanos se conocían de hacia bastante tiempo, de hecho éste había estado presente en las bodas de Yännen  quince años atrás. Gëleb abrió sus brazos y dio un caluroso abrazo al Sindarel.
-Querido hermano, sé bienvenido a estas tierras, y perdona la descortesía de mi hija quien como su madre, tiene un carácter bastante fuerte.
La princesa Müna miró a su padre con ojos relampagueantes y salió de la tienda.
El rey invitó a Yännen a quedarse en Semfonth por unos días antes de emprender el duro viaje de regreso a su hogar.
Gëleb ordeno que se levantara el campamento y partieron con rumbo a la ciudad de Semfonth, capital del reino.
Ya en el palacio, el rey no escatimo en atenciones para el líder de los Sindarel quien pasó mas tiempo del esperado en Semfonth, pues a pesar de estar casado se había prendado de la princesa Müna, haciendo hasta lo imposible por estar a su lado.
Por su parte la princesa no era del mismo parecer, su rechazo para con Yännen era tal que la gente de la corte lo notó y comenzaron a hablar al respecto.
El rey Gëleb al notar esto, disuadió a Yännen para que partiera de vuelta a su hogar quien tuvo que aceptar, aunque no de buena gana, al no haber mas motivos que lo retuvieran ahí.
Gëleb dispuso una escolta que acompañase al rey hasta las fronteras del reino, pero la semilla de Hessya ya había germinado dentro de Yännen y para ese momento, ya no era completamente dueño de sí.
Seducido por el deseo esperó a que cayera la noche y regresó a escondidas a Semfonth y mientras que todos dormían rapto a la Princesa Müna y llevo al Valle de Ranjás que se encuentra en centro del tridente de Daicúm, un lugar desolado habitado solo por el filoso viento invernal y la águilas que lo remontan, al llegar ahí, cegado por Hessya, Yännen tomó posesión del cuerpo de Müna sin hacerla suya y cobardemente, la abandonó a su suerte, huyendo de vuelta a casa.

El anciano Sindarel hizo una pausa y se sentó en un tronco que había a su lado, un horrible rayo de tristeza asomó por sus ojos, Atanael noto que la vergüenza y la pena agobiaban a este Fiöna, la historia mostraba los hechos que mancharon la estirpe de los Sindarel y el mal que habían hecho lo hacía cómplice de tan penosos sucesos.
Se frotó la frente, como queriendo disipar un agudo dolor, bebió un poco de un cuenco que alguien le ofreció se puso de pié continuó:

Está por demás imaginar la rabia del rey Gëleb, al no encontrar a su hija a la mañana siguiente dedujo de inmediato su paradero, los soldados la encontraron por la tarde de ese día junto al camino, con las ropas hechas jirones y un rostro sin alma, como quien despierta de la muerte, el daño estaba hecho y Hessya se había engendrado de nuevo sobre las espaldas de la hija de Danül.
llevaron a Müna al palacio donde su cuerpo fue sanado pero su espíritu estaba ausente, no pronunció palabra, había quedado encinta, un bastardo de sangre noble e híbrida de dos clanes, jamás había existido semejante criatura entre los Fiönas.
Los meses pasaron mientras Gëleb reunía a su ejercito, decidido a lavar con sangre la ofensa de Yännen.
Llegó el momento y Müna dio a luz al hijo de Yännen y su nombre fue Yennä, la encarnación de la herida provocada por Hessya, quien tenía ya como esclavos a Yännen, Gëleb y Müna, estupenda manera de comenzar a conquistar las espaldas de la hija de Danül.
El ejercito partió a la guerra, antiguas espadas se lustraron después de haber estado dormidas durante siglos, un grupo especial fue designado para llevar al pequeño Yennä, quien fue abandonado en el Valle de Ranjás, condenado a la muerte sin tener culpa de su suerte, una victoria mas para la hambrienta Hessya.

Así comenzó una horrible guerra, en la que nadie fue victorioso, cada vez que había una batalla Hessya ganaba mas fuerza y poseía a mas Fiönas, con el tiempo de una manera u otra las tres casas Cëntor, Andüy y Sindarel luchaban entre sí abandonadas a la voluntad de Hessya quien corrompió sus corazones hasta quitarles toda la naturaleza Fiöna que había en ellos.
Muchos años pasaron, mucha sangre corrió, y Danül en  horrible sufrimientos por sus hijos derramo lagrimas sobre Fionavul.
Se dice que fue así, de las lágrimas de Danül que nació Thaëlel el hijo mas joven, la esperanza de todos los Fiönas, la contraparte absoluta de Hessya, la esperanza que reina en el corazón de Danül.

Thaëlel merodeó por las sangradas espaldas de la hija de Danül y se dolió de la muerte y la destrucción que presenció.
Se detuvo a descansar en el valle de Ranjás y encontró a Yennä casi muerto, había sobrevivido solo por la misericordia de Danül. El niño, sucio y con la piel agrietada por el viento del tridente miró a Thaëlel y reconoció en el niño a uno de los pocos Fiönas que todavía conservaban un espíritu limpio.
Hessya lo había olvidado por completo, creyéndolo muerto no había inyectado en él su veneno, y la primera tarea de Thaëlel sobre las espaldas de La hija de Arül fue dar de comer al pequeño Yennä, lo dejó bajo la custodia de las águilas para que nada le faltara.
Thaëlel tomo la inocencia que había en los ojos de Yennä y se dispuso a enfrentar a Hessya, comenzó por buscar Fiönas limpios que no hubiesen caído en las redes de Hessya y los encontró, solo a dos, dos jóvenes Fiönas que asustados se habían refugiado en lo alto de las torres de la ciudad de plata, Nolthorión. 
Se presentó ante ellos con la forma de una enorme bestia voladora con plumas de cristal, Daimhelká lo llamaron los temerosos Fiönas, “Ave de esperanza” significa en lengua Cëntor, Thaëlel les transmitió la inocencia de los ojos de Yennä.

Thaëlel los instruyó en la fortaleza del espíritu y la santidad del corazón hasta que estuvieron listos para enfrentar a sus hermanos, no como enemigos, sino como sanadores de almas, se pusieron en camino y después de muchas batallas y de mucho dolor comenzaron a liberar a los Fiönas poco a poco, del yugo de Hessya.
Así nació la que hoy es una orden de caballero, me refiero a los A-danThaëlel los hijos de Thaëlel que  protegen a los Fiönas del acecho de Hessya.
Y las espaldas de la Hija de Danül fueron sanadas y libradas del  veneno de Hessya para estar de nuevo en paz.

El Sindarel tomó asiento y en voz clara pero tenue dijo: 
-Graven bien esta historia en su mente y cuéntenla a todos para que nadie olvide el legado de Danül, que la gente esté consciente de que la amenaza de Hessya está siempre presente, pero que contamos con Thaëlel que vive en Fionavul con nosotros bendiciéndonos con el sonido de un riachuelo, la caricia del viento, el crepitar del fuego y en las voces de los árboles. La pureza y la virtud del corazón Fiöna radica en la inocencia y la sinceridad, vayan pues y sean Fiönas que la hija de Danül los acoge para serlo.
Al terminar, el anciano se retiró perdiéndose entre la gente donde reinaba un espíritu de alegría y calma, Atanael se sorprendió al notar que en su propio rostro se dibujaba una sonrisa, se había contagiado del espíritu mismo de Thaëlel, guardo este placer en su corazón y se regocijó de ser un Fiöna.   

martes, 28 de agosto de 2012

De Atanael y Sindara "Prólogo"








Mas de 15 años atrás comencé a escribir una historia que nombré:  
 "La Canción De Atanael y Sindara" 
La historia comenzó a crecer hasta convertirse en una novela que aún está inconclusa. La retomé y estoy terminándola, aquí está la primera entrega.

Prólogo

Los Fiönas son una raza tan antigua como las estrellas, su historia esta perdida en las mareas del tiempo y solo Danül, madre de la tierra recuerda las hazañas y los pecados de ésta gente. 
La primera madre los creó de su propia carne y colocándolos sobre la espalda de su hija la tierra, herraron hasta que la diosa les entregó un lugar para establecerse. 
Los Fiönas nombraron Fionavul a su tierra y por fin se tendieron en la fresca hierba para descansar, entonces Danül les envió a sus tres hijos a quienes los Fiönas llaman la conciencia de Danül, ellos eran, Cëntor el mayor, Andüy la mediana y Sindarel la menor. 
Los Hijos de Danül instruyeron y procuraron a los recién establecidos y fundaron tres clanes para que aprendieran a vivir sobre las espaldas de su hermana la tierra en un correcto proceder tal y como Danül lo había dictado. 

Una vez que los tres clanes pudieron valerse por si mismos, Cëntor, Andüy y Sindarel  llamaron a los Fiönas mas sabios entre ellos y soplaron sobre sus rostros una apacible caricia de viento, fue así que sus ojos cambiaron de color, uno distinto para cada clan, Azul con el aliento de Cëntor, amarillo con el de Andüy y plata el de Sindarel, desde entonces existen los tres clanes Fiönas que tomaron el nombre de su protector.
Entonces los hijos de Danül se despidieron y partieron de vuelta a la conciencia de Danül. 
Pero antes les previnieron de Hessya, el enemigo sin cuerpo que se apodera de las voluntades y los corazones, un perverso enemigo que, incorpóreo e inconsciente, toma forma dentro de la mente de los Fiönas tornándolos en la peor plaga para su propia especie. Los Fiönas tomaron muy en serio la advertencia, y su nueva historia comenzó a germinar como las bellotas del bosque, con reverencia a Danül y fuerza en el arraigo a su tierra, Fionavul.

 Pero los años nublan la memoria de los pueblos y con el tiempo los Fiönas olvidaron, entonces Hessya llegó en el carruaje del caos tirado por los corceles de la envidia y la ambición, la guerra se hizo entre hermanos, derramando sangre Fiöna sobre las espaldas de la hija de Danül. Muchas lagrimas corrieron para lavar la memoria de este pueblo para así recordar la advertencia de los hijos de Danül. 
Entonces los Fiönas recordaron su amor y los hermanos volvieron a su hogar, limpiando la sangre vertida sobre la tierra de los Fiönas, Hessya fue derrotada y desterrada, entonces Cëntor, Andüy y Sindarel regresaron para bendecir de nuevo  la tierra, renovarla y fertilizarla. Vivieron un tiempo entre los Fiönas enseñándolos a amar una vez mas y antes de partir dejaron la promesa de la esperanza que hizo a esté pueblo tener fe de nuevo, la palabra de amor que juguetea en los riachuelos que corren por las espaldas de la tierra, la voz misma de la madre que suena en el viento, y estas palabras quedaron grabadas en Fionavul, "Fionav Tur Methram Sindara Axamthar", Danül apostó centinelas en Fionavul que guardan con celo su promesa de esperanza, los Thüm, quienes duermen en la Torre Azul, esperando para ese día en el que la memoria de los Fiönas vuelva a nublarse y el amor deba recordarse en la tierra de sus hijos.

De esta profesía se desprende la historia de Atanael y Sindara, el cuajo mismo del amor de Danül en la carne Fiöna, tan natural, elemental y cotidiano como el amanecer, pero tan fundamental como el aliento para la vida. 

 La canción de Atanael y Sindara fue creada hace ya muchas generaciones. La canción, fue compuesta originalmente en lengua Cënthor, idioma del clan mayor de los Fiönas, pues  en aquellos días sólo los sucesos que concluyeron la creación se escribían en la lengua  de los Cëntor que ahora se reserva solo para ser usada en ocasiones muy especiales y solemnes.

El manuscrito original es una narración de trescientas estrofas compuestas en interminables versos en cadena muy a la usanza de aquellos días. Desgraciadamente, el apunte original se perdió  de la biblioteca en Mor Sindol durante la guerra de las lenguas hace ya mas de mil años, muchos lo buscaron, pero hasta ahora el escrito sigue perdido y no existe copia alguna que dé la versión original.

Esta es pues la historia de Atanael y Sindara redactada en el concilio de los tres clanes: Cënthor,Andüy y Sindarel, que se ha recopilado  de las leyendas e historias transmitidas de generación en generación a través de centurias y que es parte de un valiosísimo legado de la casa Cënthor y de toda la especie Fiönica, que tiene como fin el recordarnos a todos los decendientes de los Fiönas, las terribles heridas que Hessya puede causar entre nosotros y la palabra de Danül, el hermoso regalo que aún se escucha en la caricia del viento, en el crujir de las raíces de las montañas y en el corazón de todos lo que habitamos sobre la hija de Danül:

“Fionav Tür Methram Sindara Axamthar”.

 Los Fiönas recitan la profecía de Danül de una hermosa manera, cantan en una celebración muy especial. 
Traté de captar en esta grabación, las notas de los versos que recitan, aproveché para ilustrarlo con imágenes del bosque de Anthoras, tierra natal de Atanael.









domingo, 19 de agosto de 2012

El Manifiesto de Tumblebug (2a parte)




Sin mas preámbulos, les dejo la segunda entrega de El Manifiesto de Tumblebug, espero que hable por si solo.

¡Que el Universo los llene de conciencia!



¡Es Tiempo de La Nueva Revolución!








viernes, 27 de julio de 2012

Lo contado...contado está




Una de las mejores cosas con respecto a contar historias, es que el asunto jamás se trata de un contador de historias… el elemento principal de contar historias es la gente que escucha! Es por demás que el contador de historias se vuelva invisible para que la historia saque lo mejor de la gente, por eso el Contador de Historias deberá trabajar su humildad y dejar a un lado su orgullo para que el mensaje real de una historia pueda aflorar y provocar una reacción espontánea en el público!





miércoles, 25 de julio de 2012

El manifiesto de Tumblebug (primera parte)

Dos años atrás inicié este blog por recomendación de varios amigos, me dijeron:

-EL mensaje de tus historias es bueno y vale la pena hacerlo llegar a mas gente. Por este motivo me di a la tarea de formalizar mi trabajo, ordenarlo, clasificarlo y hacerlo mas accesible para todos, francamente durante estos años, mi actividad como contador de historias ha venido creciendo hasta convertirse en un oficio mucho mas comprometido dentro de mi vida. Si eres alguien que me conoce de tiempo, sabrás que me tomo mi vocación muy en serio, y por esto quiero abrirme un poco mas para que conozcas lo que hay detrás de Tumblebug.

Cuando no estoy de viaje por las Tierras de Allá me gano la vida como Arquitecto, debo confesar que es una profesión muy absorbente que a muchos colegas les deja poco tiempo libre, sin embargo, en mi caso, desde la adolescencia me encanta dibujar y escribir, generalmente me llega la inspiración por las noches  y desde entonces me acostumbre a usar las tranquilas y serenas horas de la noche para desdoblar mi alma y plasmar en lo concreto lo que mi conciencia y mi corazón liberan.

Pasó el tiempo y durante mi tránsito por la universidad, la costumbre de trabajar de noche se volvió una necesidad, no es ningún secreto que los estudiantes de Arquitectura deben trabajar mucho hasta altas horas de la madrugada. Esto reforzó en mi el habito de trabajar por las noches y una vez graduado, muy al contrario que muchos de mis compañeros que regresaron a dormir las reglamentarias ocho horas, por alguna razón, mi cabeza no dejaba de dar vueltas y la costumbre de madrugar adaptó a mi organismo para dormir muy poco, sin ir mas lejos, el día de hoy duermo por lo general solo 3 o 4 horas diarias desde  casi veinte años atrás y esto me deja un fantástico doble turno para desempeñar mi profesión como contador de historias reflexionando y escribiendo todo lo que me ocurre durante el día.

Gracias a esta particular habilidad puedo dedicarme, no solo a escribir, ilustrar y musicalizar historias, mientras todo este trabajo se realiza con las manos, la conciencia vuela y muchas conclusiones llegan a mi cabeza reforzando en mi las convicciones que otorgan éstas mismas conclusiones a las que me llevan las historias.

El cúmulo completo de mi quehacer como contador de historias está basado en la concepción del papel que la humanidad y la civilización tienen que ver en el universo. Creo fielmente que la vida es un regalo grandioso y me consta que dentro de cada ser humano existe una hermosa luz que no puede desperdiciarse, mis historias hablan particularmente de el infinito crisol de luces que he podido atestiguar en mi paso por el mundo, cada historia tiene detrás una anécdota que atestigüé y que me ha dejado sin aliento, lleno de asombro y admiración ante lo que los seres humanos somos capaces de hacer.

Pero nuestra civilización ha tomado muchos caminos que a mi parecer han alejado al hombre de la capacidad de apreciar y disfrutar la grandeza de nuestra especie y su relación con el universo, por eso cuento historias, para que la gente mire de cerca estas cosas.
Mi carrera profesional me acercó a un concepto que se acopla perfectamente a uno de los muchos caminos que existen para que el hombre aprecie y viva en realidad su grandeza, un concepto que engloba tres definiciones por las que es posible vivir en paz dentro de una comunidad tolerante con sus individuos apreciando, disfrutando y honrando el universo donde vive, gracias también a mi ejercicio profesional he podido implementar, al menos en una parte, este fabuloso concepto ¡y soy testigo de que funciona! Es por eso que que me voy a tomar un receso como contador de las historias de "Allá" para contarte otro tipo de historia, una historia de "Acá", una historia que obliga a una nueva revolución, no es la clase de revolución que desordena las cosas, es una revolución muy difícil de entender, tampoco es la solución para los problemas de nuestra civilización pero estoy completamente seguro de que sugiere un camino para la solución.

Estos tiempos que nos ha tocado vivir son tiempos de mucho trabajo, de mucho movimiento y particularmente en mi país (México) enfrentamos un momento histórico que requiere de mucho trabajo y mucha conciencia, por eso he puesto manos a la obra en la institución de ciertas acciones que ya cambiaron algunas comunidades, no te voy a hablar de teorías ni de propuestas, te voy a contar la historia de algo que está sucediendo en estos momentos y que creo que puede significar un cambio importante en nuestra composición como civilización, (por pesado que suene) es así que escribí lo que me gusta llamar: El Manifiesto de Tumblebug, espero que puedas regalarme algunos minutos mas para presentarte la primera parte, como lo dije es difícil de explicar y trataré de demostrártelo de la manera mas sencilla que se me ocurre, en forma de historia.

Este es pues, "El Manifiesto de Tumblebug" en su primera parte, el inicio de la nueva revolución.



 


lunes, 16 de julio de 2012

Llevando las tierras de Allá para Acá

No es necesario viajar por portales y puertas dimensionales para vivir en carne propia la alegría y la fantasía, aquí les dejo algunas fotografías de ciertas actividades que llevamos a cabo en nuestras vidas diarias, el gozo y la alegría de compartir con la gente hacen de nuestra vida toda una aventura.

No hay nada que te impida hacerlo!!





















viernes, 13 de julio de 2012

Metstli Paki

Tiene mas de un año que Metstli Paki se escribió, esta vez me tomó mucho tiempo terminar con las ilustraciones y la narración. Durante este último año he tenido la oportunidad de contarla varias veces, y después de hacer algunos ajustes, por fin está lista.
La historia tiene un fondo muy importante, como ya he afirmado en otras ocasiones, soy originario de Tampico Tamaulipas, una hermosa provincia de México que se encuentra en la punta norte de la Huasteca llamada así por ser el territorio donde la cultura Huasteca floreció antes de la colonia, en esta región existe también un portal que nos lleva de nuevo a las fabulosas tierras de Allá, un portal que crucé desde muy niño.

 Un lado de mi familia proviene de Veracruz, otra provincia colindante con Tamaulipas donde la cultura Huasteca está aún muy arraigada.
Traté de fundir en la historia algunas oraciones en Náhuatl, la lengua que se habla en esa zona, sin embargo, debo aceptar que mi conocimiento en el Náhuatl es muy parco, conozco tan solo algunos términos con los que me hablaban mis abuelos y parientes cuando era pequeño, sin embargo considero necesario contar en Náhuatl por lo menos en algunas oraciones, con la intensión de imbuir en ella, un poquito de la grandiosa cultura Huasteca que en lo particular admiro, amo y respeto.

Aquí les dejo pues, Metstli Paki espero que sea de su agrado.





La ciudad de Tollan, el día de hoy la conocemos por Tula en el estado de Hidalgo, no muy lejos de la capital de la República mexicana. Tuve que ir a las ruinas de la ciudad para sentir en carne propia la vida cotidiana de Metsli Paki, aquí les dejo unas fotografías.


Una muestra de la alfarería de Tula, tal vez un viejo plato de Metstli Paki 


Detalle de una roca Labrada que jamás se colocó en el templo.


El Gran Templo de los Atlantes de Tula.





Detalles de un relieve en el gran templo de los Atlantes, Usé estos diseños para ilustrar el nacimiento de Metstli Paki.



Junto a los Atlantes de Tula, servían como columnas para el templo que se encontraba coronando la pirámide.






Una vista del área habitacional de la ciudad, las casas se encontraban ordenadas en torno a un patio central que proporcionaba excelente iluminación y ventilación, tal y como los claustros de los conventos y monasterios Europeos.


Los Atlantes de Tula representan a los guerreros Huastecos, Algunos piensan que en este templo se ordenaban a los mismos.



Dentro de una casa, quizás la de Metstli Paki


La hermosa pirámide que se alcanza a ver desde la casa de Metstli Paki.

¡Tiremos todos juntos de la cuerda!!

¡Tiremos todos juntos de la cuerda!!
Una historia para mi hermosa tierra: México

Tómate tu tiempo para viajar a Allá

Tómate tu tiempo para viajar a Allá

Es Tiempo de la Nueva Revolución

Es Tiempo de la Nueva Revolución
La Revolución de la humanidad, La revolución de tus sueños

¿Estas dispuesto?

¿Estas dispuesto?
Viajar sin límites es mas fácil de lo que crees

Está mas cerca de lo que crees

Está mas cerca de lo que crees

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Provengo de una familia donde la épica y la fantasía se mezclan con la realidad, crecí escuchando histórias fantasticas de mi abuelo en las profundidades de la Huasteca, mas adelante me cautivaron toda clase de libros con historias de tierras lejanas y personajes asombrosos, comencé a escribir desde los 9 años, durante la adolescencia me entregué a la literatura épica y fantástica y de alguna manera mi vida se contagió y las histórias comenzaron a suceder delante de mis ojos. Al convertirme en padre y tener la oportunidad de contar cuentos e histórias estalló dentro de mí una fascinación por crear, ilustrar y musicalizar cuanta história brotaba de mi cabeza o la de mis hijos, el día de hoy me doy cuenta de que mi propia vida es el mejor lugar de donde sacar historias y gozo profundamente al plasmarla en alegorías con imágenes, textos y musica.