jueves, 29 de noviembre de 2012
Ya de regreso desde las tierras de Allá
Que tal, por fin regreso de una buena vuelta por las tierras de Allá y hay mucho que contar, pero quisiera hacerles una consulta:
Tengo tiempo publicando capítulos de la historia de Atanael y Sindara en el blog, sin embargo el Blog fue creado con un enfoque de cuentos para niños, estoy pensando en dejar de publicar la Novela y regresar a publicar cuentos para niños mas pequeños.
Me interesa saber su opinión, ¿Que prefieren?
miércoles, 7 de noviembre de 2012
De Atanael y Sindara Capitulo VI
Sindara se llevó los dedos a la boca y silbó con todas sus fuerzas, un hermoso Palomino que se encontraba junto a otros caballos dio un respingo y galopó junto a la joven quien saltó sobre la grupa del corcel y arrancó a toda prisa siguiendo a los jinetes que se habían adelantado.
Mientras bajaba por la ladera de la colina abrió el abanico montado sobre el caballo, tenía muchos diseños pintados en color verde y asemejaba el rostro de una bestia mostrando los colmillos con grandes ojos amarillos.
Aceleró y cuando estaba por alcanzar la vanguardia de jinetes miró al horizonte, una enorme manada de bisontes avanzaba a paso tranquilo pero rápido en dirección a ellos encabezada por un enorme bisonte lanudo de color negro que tenía mas de seis veces la altura de un caballo, su cabeza estaba coronada por una impresionante cornamenta retorcida, sus enormes ojos negros brillaban acusando cierta inteligencia, sus oscuras pezuñas hacían crujir la tierra y pulverizaban las rocas que pisaba convirtiendolas en polvo.
Mas y mas bisontes asomaban por el horizonte cubriéndolo en toda su extensión, el bramido de las bestias era ensordecedor alimentado por el tremor de millones de pesuñas batiendo contra el piso, era hermoso verlos correr por la gran pradera, el pelaje, que se hacía mas largo en las patas, hondeaba mientras corrían, y las grandes cornamentas agitándose al ritmo del correr de la manada simulaba una danza de un gigantesco ciempiés por el horizonte enmarcadaopor una gran tormenta de arena que los seguía por detrás.
Sindara se emparejó con los jinetes, su padre volteó a mirarla y liberando una carcajada que agito su barba roja le hizo una señal para que se alineara con los demás, Sindara lanzó un grito y parándose en los estribos agitó un brazo animando a sus compañeros, todos aceleraron alineándose frente a la manada, los grandes abanicos se agitaban con el viento y aquello parecía una bandada de dragones de muchos colores volando sobre un gran océano verde.
El tremendo despliegue de color y movimiento provocó la agitación de los bisontes, algunos frenaron en seco y alteraron el curso virando a un costado, la manada comenzó a dispersarse, pero el grupo principal dirigido por el líder de la manada continuó su carrera incrementando la velocidad. Los jinetes continuaron en su carrera contra el grupo principal, el gran bisonte que lidereaba la manada aceleró, sus grandes zancadas eran firmes y pesadas, la tierra retumbaba bajo su carrera, este era Thürta el líder de la manada de los Nüi.
La vida entera del clan Cëntor giraba en torno a estos bisontes, cada año la manada atravesaba el reino de poniente a oriente y los Fiönas emprendían la cacería que los abastecería durante un año entero de alimento, pieles, huesos para utensilios, grasa y aceite para alimentar las lámparas y todas las materias primas de las que los Cëntor obtenían la mayor parte de su sustento.
Thürta aceleró y bajo la cabeza exponiendo la terrible cornamenta capaz de derrumbar las murallas de la ciudad y al momento de embestir, los jinetes se separaron en dos grupos yendo detrás de los grupos que se habían desviado, giraron en dirección a varias decenas de bisontes y formaron un semicírculo dirigiéndolos a las murallas de la ciudad mientras gritaban y agitaban los abanicos.
Sindara gritaba y agitando un brazo mientras dirigía a los Nüi rumbo a la muralla, su cabello se hondeaba con el viento y ella sentía que volaba junto a los demás Fiönas que corrían junto a ella. Calthas, su padre se adelantó al grupo y haciendo sonar un cuerno dio la señal para los Fiönas que se encontraban a pie junto a la muralla, una multitud de mas de quinientos Fiönas formaron una linea corriendo en dirección a los Nüi que se acercaban corriendo a las murallas de la ciudad, todos llevaban largas pértigas con sogas atadas en la punta, comenzaron a agitarlas haciendo un zumbido constante, el sonido tuvo un efecto inmediato sobre las enormes bestias, aminoraron el paso hasta detenerse por completo, rápidamente la muchedumbre formó un circulo acorralando a los tres animales al pié de las murallas y así, bajo el trance que provocaban los látigos de los Fiönas, los Nüi obedecieron como si fueran cabras, los dirigieron rumbo a la gran estructura de madera que se encontraba adosada a la muralla.
Mientras tanto, el contingente a caballo se dirigió de nuevo rumbo a la manada que formaba ahora un colosal torrente de bisontes que pasaban justo enfrente de las puertas de la ciudad levantando polvo hasta hacer casi imposible la vista.
Entre el tremor de la manada, los jinetes apartaron de nuevo un grupo de cinco bisontes, Sindara cabalgaba entre dos mujeres Fiönas, una de ellas con una larga cabellera pelirroja peinada en tres largas trenzas que se agitaban en su espalda, llevaba el rostro cubierto con pintura azul, la chica habría dejado apenas la infancia, pero era de una gran talla y montaba ágilmente un fornido garañón negro. Al otro costado acompañando a Sindara había una Fiöna madura, algunas canas asomaban por su negra cabellera que usaba suelta, llevaba la cara pintada de rojo y gritando y silbando llamaba a los demás jinetes para que ayudaran con los animales. Entre las nubes de polvo asomaron cuatro jinetes mas, y galopando se acercaron.
Sindara miraba a los jinetes acercándose cuando la sorprendió la embestida de un enorme Nüi color miel, de un solo golpe mandó a las tres al suelo, el caballo negro giró por el aire dando tumbos y cayó muerto pesadamente lejos de donde se encontraban. Aquél bisonte giró y embistió de nuevo, esta vez cargando contra la mayor de cabello negro. Algo no estaba bien, los Nüi, aunque solían embestir para abrirse paso, jamas atacaban y preferían huir antes de enfrentarse a cualquier peligro.
Sindara miró al enorme animal que se acercaba corriendo, sangraba por la nariz y los ojos, una nube de espuma se formaba en su hocico.
La chica de las trenzas rojas saltó sobre la mujer adulta y apenas pudieron esquivar la terrible embestida del Nüi, una vez mas el animal dio media vuelta para atacar, esta vez las dos Fiönas se encontraban en el piso con muy poca oportunidad de esquivar el ataque, Sindara corrió en dirección a su caballo y montando de nuevo, extendió el abanico para llamar la atención del Nüi. El bisonte viró en dirección a Sindara cargando a toda velocidad, la chica frenó su caballo y dando media vuelta se dispuso a escapar, pero al girar, se encontró con otros bisontes que pasaban en tremenda estampida y una pesuña golpeo su montura derribándola una vez mas, Sindara tenía los ojos llenos de tierra y tuvo que tallarlos para poder ver borrosamente, vio a lo lejos, la gran mancha del Nüi que se acercaba para embestirla, se puso de pié, tropezó con el caballo y cayó al suelo, tenía a la bestia encima, vio claramente la mirada desquiciada del Nüi dispuesto a aplastarla, el pelaje de su cabeza estaba lleno de sangre y coágulos, trató de arrastrarse para hacerse a un lado y se enredó en la tela del gran abanico de su caballo que se había hecho jirones Atrapada en aquella mortaja era imposible escapar, una zancada mas y el Nüi la destrozaría, de pronto un bramido resonó en el aire y una enorme mole negra embistió al Nüi que atacaba, se trataba de Thürta, el líder de la manada, quien acertó un golpe certero en el costado del bisonte, arrojando muerto a una buena distancia de donde se encontraban.
Mucho tiempo transcurrió antes de que la manada pasara por completo y el polvo comenzara a disiparse, la tierra continuaba estremeciéndose cuando Sindara se puso de pié. Cerca de ella estaban las dos Fiönas sanas y salvas de pié frente al enorme Thürta quien miraba al bisonte muerto sobre la hierba.
La joven se acercó al enorme bisonte y este la miró liberando un gemido quejumbroso, volteó a ver al animal tendido sobre el piso, ya mas tranquila, notó que el animal había estado enfermo, el pelaje cobrizo se había caído y manchas calvas sobre su cuerpo se apreciaban aquí y allá, la piel se apreciaba enrojecida e irritada, rodeó al animal para mirar su rostro, los ojos en blanco supuraban sangre en una mezcla densa con un líquido amarillo que también emergía del hocico, por las fosas nasales salían gusanos y el característico olor a almizcle había dado paso a una horrorosa fetidez.
Sindara continuó rodeando al animal en dirección al lomo.
La chica dio un grito aterrador cuando encontró atado al lomo del animal, el cuerpo desnudo de un Fiöna de cabellos blancos.
Por su apariencia llevaba varios días muerto, sogas ensangrentadas aferraban las muñecas y los tobillos al bisonte, pero lo mas aterrador era que el cadáver Fiöna presentaba las mismas características del Nüi, el cabello se había desprendido en varios puntos, la sangre escurría de sus ojos y su boca, se acercó cubriendo la boca y le abrió uno de los párpados.
¡Agusanados ojos color plata! Un Sindarel asesinado terriblemente.
Varios jinetes se acercaron y desmontando apreciaron con terror la horrible escena, la pequeña de trenzas rojas hechó a llorar, abrazando a la mujer de cabellos negros a la que apenas había salvado.
Para ese momento, Calthas y el grupo de ancianos ya habían llegado al sitio, miraron en silencio, algunos cayeron de rodillas llorando y otros mas gritaron con dolor:
-¡Hessia tur methram Sindarel!
¡Hessia nacida del vientre de los Sindarel!
Esto era obra de Hessya, el temido enemigo de los Fiönas, las piernas de Sindaras fallaron y se doblaron ante el terror de mirar de frente la obra de Hessya tan temida por toda su estirpe, había regresado de nuevo, la perdicción de los Fiönas que tanto había prevenido Danül.
Los gemidos de cientos de Fiönas se hicieron presentes en aquella enorme pradera, el eco de los gritos de terror y angustia rebotaron en las murallas de Nolthoriön.
Cazadores Nüi con corceles y abanicos para pastorear.
Thürta, Lider de los Nüi
martes, 23 de octubre de 2012
De Atanael y Sindara Capitulo V
LA CASA DE SINDARA
La luz del sol bañaba suavemente los pulidos bloques de granito, el color blanco de la roca contrastaba con finas betas purpúreas que parecían bailar animadas por las sombras de miles de hojas que el viento agitaba allá en lo alto. Un embriagante olor a hierba inundaba el pequeño bosquecillo donde se alzaba el templo de Nolthoriön.
Aquel paraje estaba desierto y las hojas cantaban con un suave siseo, acompañando la melodía que Sindara tocaba en una flauta.
Sentada sobre la hierba apoyaba la espalda en el muro Septentrional del templo. Labradas en la roca estaban las figuras de todos los reyes del Clan Cëntor desde el principio de los tiempos, comenzando con la figura del mismo Cëntor quien fundara el Clan Cëntor, hasta el último monarca de la casa Cëntor, Calthas, las facciones del Fiöna labrado en la piedra reflejaban el mismo perfil de la chica quien despreocupadamente sobre las hojas secas interpretaba dulces notas que hacían eco en el bosque.
Sindara Dän Calthas Tur Methram Danadän Eph Ras Nolthoriön Tög Cënthor Farmëlion, así había sido nombrada el día de su nacimiento, así los Fiönas nombran a la gente:
"Esta es Sindara hija de Calthas nacida del vientre de Danadän en Nolthoriön quien en imagen, espíritu y voluntad pertenece al Clan Cëntor".
La gente de Nolthoriön contaba que el día del nacimiento de Sindara, cosas excepcionales habían ocurrido. El cielo había devorado al sol, oscureciéndolo todo y en medio de las tinieblas, una estrella purpúrea había asomado por el horizonte, un amanecer morado iluminó la punta de la torre mas alta de Notlhoriön. Los viejos decían que por la ventana de la habitación se habían colado los rayos de la estrella quedando atrapados en los ojos de la infanta y así, desde entonces, mezclado con el color amarillo de sus ojos Cëntor un tenue tono morado los hacía brillantes pero profundos a la vez.
La chica de amarillos cabellos tenía un rostro pálido y afilado donde los destellos de aquellos ojos amarillos atrapaban y sumergían en una insondable tranquilidad a todo aquel que los mirara, algunos decían incluso, que si se miraba con detenimiento podía notarse en lo profundo de aquella insondable mirada, la luz purpúrea que habían atrapado desde su nacimiento.
Danadän, su madre, le había dado aquel nombre en memoria de la alianza celebrada con el Clän Sindarel en tiempos de la guerra con Hessya que tanta miseria trajo a la raza Fiöna.
Un Cuerno resonó entre los arboles y Sindara se estremeció con el sonido, de inmediato guardo la flauta en un bolsillo de su chaleco y de un salto se puso en pié, corrió entre los arboles hasta alcanzar una hermosa puerta de metal colocada bajo un arco de piedra burda, al cruzarlo se encontró con un racimo de casas de madera muy pálidas hábilmente labradas con adornos, corrió por una calle que ascendía en dirección al centro de la ciudad. Las casas se apiñaban ordenadas a los costados de la calle, todas con techos en dos aguas que dibujaban un paisaje urbano cálido y ordenado, fuentes y pequeños jardines se abrían aquí y allá moteando con flores y arboles los colores de una ciudad con calles en forma de plato roto.
Todas las vías de la ciudad corrían cuesta arriba hasta converger en lo alto de una loma en un anillo con baldosas blancas que rodeaban una empalizada tras la cual sobresalía alto y orgulloso el palacio de Nolthoriön, tallado en la misma piedra del templo que se encontraba abajo.
Sindara no subió rumbo al palacio, por el contrario, torció sus pasos en un callejón que interceptaba con una calle ancha pavimentada con las mismas baldosas blancas, esta se extendía cuesta abajo rumbo a un gran valle dominado por el promontorio donde la ciudad había sido construida. Aceleró sus pasos y rápidamente atravesó la ciudad hasta llegar a las puertas de ésta, franqueadas por altos muros de piedra que guardaban la ciudad. Cruzó la acrada justo al momento en el que aquel cuerno sonaba una vez mas.
El sonido rebotó por todo el valle durante algunos segundos y Sindara se detuvo atenta, a lo lejos, en el punto mas bajo del valle un resueno parecido al cuerno respondió al llamado mientras un pequeño tremor sacudió la tierra, Sindara pudo sentir la vibración en sus pies calzados con botas de piel mullida hasta las pantorrillas, se arrodilló y colocó la palma de su mano sobre el camino de tierra ya fuera de la ciudad.
El leve tremor crecía mientras el cuerno resonaba una vez mas, miró a un costado, a lo lejos una multitud de Fiönas aguardaba junto a una extraña estructura de madera de dimensiones asombrosas que se encontraba conectada con la gran muralla de Nolthoriön. recorrió con la mirada todo el valle siguiendo la senda del camino que serpenteaba valle abajo hasta perderse entre grandes lomerios de hierba verde que parecían un océano verde.
La vibración se acrecentó y el tremor de la tierra comenzó a mover la grava del camino, Sindara lanzó un grito de emoción y corrió para reunirse con su gente, una sonrisa se dibujó en su rostro mientras corría con todas sus fuerzas.
Llegó donde la gente se encontraba reunida, cientos de fiönas ataviados con guantes y botas de piel aguardaban expectantes, algunos encaramados en aquella estructura, otros montados a caballo y otros mas a pié con enormes pértigas de madera que remataban con látigos de soga en la punta.
Colosal fue el bramido que sacudió el aire rebotando en las murallas y esparciéndose sobre el gran valle. había un grupo de Fiönas que se encontraba a cincuenta metros bajando rumbo al valle, varios de ellos con cabello cano trenzado en la espalda daban instrucciones a un Fiöna de talla grande con barba roja, otros escuchaban atentos.
A la señal de los mas viejos varias decenas de Fiönas montaron a caballo y desplegaron abanicos enormes de colores montados en ligeras estructuras sobre las ancas de sus caballos.
Un bramido mas retumbó en lontananza, ¡uno mas! y otro hasta que un ensordecedor coro de bramidos graves y guturales llenaron la ladera de la colina.
A lo lejos una enorme mancha negra asomó por una de las lomas, detrás de esta una pequeña linea moteada de colores café, negro, amarillo y terracota recortó el horizonte, detrás, se formaba una nube de polvo parecida a las tormentas de arena que azotan el desierto de Daicüm en la parte meridional del continente.
Aquella linea se extendió cubriendo todo el horizonte y comenzó a crecer. Un Fiöna con el rostro pintado de color rojo lanzó un grito de excitación mientras el cuerno resonaba estridente sobre las murallas, toda la gente lanzó un aullido que rivalizó con los bramidos que cubrían el valle entero.
La mancha moteada del horizonte se extendió acercándose cada vez mas a ellos, los ancianos dieron instrucciones al fiöna de la barba roja y esté haciendo una señal a los jinetes, emprendió una vertiginosa carrera cuesta abajo.
El espectáculo de los jinetes galopando en el valle sobre caballos con crestas en abanico extendido de mas de diez metros de altura era increíble.
martes, 16 de octubre de 2012
De Atanael y Sindara Capitulo IV
La Danza del Acero
Oscuros nubarrones se formaron sobre el bosque de Anthoras, el sol se ocultaba al poniente y el viento soplaba azotando los arboles, una tormenta se acercaba y los rayos resplandecían en el oriente.
De pronto un gran destello purpúreo recorrió el cielo y un trueno invadió la tierra, en el bosque algo se movía entre los arbustos, avanzaba a paso constante y ruidoso, las ramas crujían a su paso como si nada pudiese detenerlo, los mismos troncos de aquellos arboles milenarios parecieron hacerse a un lado abriendo paso a lo que fuera que atravesaba el bosque.
La tormenta había alcanzado la aldea de Anthoras y grandes gotas comenzaron a caer sobre las hierbas y la tierra seca, una leve neblina de polvo se levantaba mientras la lluvia mojaba la arcilla convirtiéndola en un espeso lodo.
Atanael despertó al sentir la lluvia cayendo en su rostro, estaba empapado y ríos de lodo corrían a sus costados, se miró el pecho, no había señales del medallón ni cicatriz alguna que acusara la aterradora experiencia que había sufrido. Buscó entre los ríos de lodo que corrían furiosos, pero no pudo encontrar nada, se levantó y corrió desesperado buscando aquel medallón.
-La lluvia se lo habrá llevado, pensó desesperado, corrió siguiendo los numerosos riachuelos, pero no encontró nada.
La lluvia se tornaba cada vez mas fuerte y era casi imposible buscar. Corrió rumbo al camino y alcanzó a ver aquel destello purpúreo en el cielo. Un dolor seco se le clavó en el pecho y cayó al suelo, volvió a mirarse bajo la camisola y reconoció perfectamente bajo la carne, el aro brillante del medallón y el emblema de su familia brillando bajo su piel, soltó un grito aterrador al darse cuenta que el medallón estaba dentro de su pecho, se oprimió la piel y sintió perfectamente el volumen del metal bajo la piel.
Tan pronto como el destello se desvaneció en el horizonte también lo hizo el brillo del medallón hasta que dejó de verse bajo la carne, se tocó de nuevo la piel…pudo sentirlo ahí dentro.
Una desesperación horrible lo invadió y corrió desorientado tropezando y cayendo sobre los enormes charcos que había a un lado del camino. De tropezón en tropezón volvió a ahogarse de terror, un llanto amargo y desesperado desgarraba su garganta y sus lagrimas se perdían entre la lluvia, se tendió en cuatro luces llorando y vomitando.
La lluvia no paraba y transcurrió un largo rato hasta que el cansancio le impidió seguir llorando, su estómago se había vaciado y las contracciones lo habían dejado exhausto, tomó aire y trató de tranquilizarse, alzó la cabeza, a lo lejos, las lamparas de la aldea ya estaban encendidas, tomó fuerzas y se puso de pié, poco a poco y con mucho esfuerzo comenzó a caminar. Paso a paso el terror se disipaba, caminaba con la cabeza baja, revisando su pecho en todo momento, no podía creerlo.
-¿que extraña brujería era esto? Una y otra vez pasaba los dedos sobre el medallón, lo sentía perfectamente, se había adherido a sus entrañas.
-¿que extraña brujería era esto? Una y otra vez pasaba los dedos sobre el medallón, lo sentía perfectamente, se había adherido a sus entrañas.
Un ruido seco entre el sonido de la lluvia atrajo su atención en dirección de los arboles en el lindero del bosque, algo se movía ahí dentro, un árbol enorme se tambaleó y el siguiente también, describiendo la trayectoria de un andar terrible, entre las sombras distinguió perfectamente unos ojos que brillaron con la intensidad del fuego.
El movimiento cesó y aquella criatura se quedó inmóvil entre las sombras del bosque, un escalofrío agudo recorrió la espalda de Atanel pero no sintió miedo, una extraña empatía en esa mirada lo atrajo, dio un paso en dirección al bosque, un paso mas, aquellos ojos se volvieron cada vez mas claros y entre la penumbra del bosque una silueta comenzó a aclararse, avanzaba lentamente acercándose cada vez mas a Atanael.
Cuando se encontraba en la orilla del bosque un poco de luz permitió adivinar una figura ataviada en armadura de cuero, tras el lodo y algunas hojas se apreciaba un rostro pálido.
Cuando se encontraba en la orilla del bosque un poco de luz permitió adivinar una figura ataviada en armadura de cuero, tras el lodo y algunas hojas se apreciaba un rostro pálido.
Atanael se dispuso a acercarse mas cuando por detrás de él una mano firme lo tomó por el brazo, ¡el muchacho volteó rápidamente y dio un grito!
Se encontró con la mirada bicolor de su padre que ardiendo en rabia le gritaba
-¡Donde haz estado! te hemos buscado todo el día, ¿por que no te presentaste en la fragua?
Atanael volvió la mirada al bosque, la figura había desaparecido.
-Pero…¡padre! yo solo estaba…
-¡Nada de eso! Ahora mismo regresarás y tendrás que reponer el tiempo que gastaste holgazaneando.
Casi a rastras, Tandras llevó al muchacho de vuelta a la aldea.
El día siguiente Atanael fue encomendado a realizar varias tareas, tendría que trabajar tiempo extra para pagar el día de ausencia.
Aún no acababa de comprender lo que había sucedido, constantemente se tocaba el pecho delineando el medallón que se había fundido en el.
Continuó trabajando en aquella reja para el carnicero, la imagen de aquellos ojos regresó a su mente:
-¡Una mirada que quemaba! pensó Atanael mientras golpeaba hábilmente el metal sobre un viejo yunque.
Le pareció extraño, el metal parecía adivinar la intensión del muchacho y se mostraba maleable y dócil como arcilla, continuó trabajando con entusiasmo, encantado de la facilidad con la que las barras de metal caliente cobraban forma, una a una las barras de la reja se torcían bajo el martillo del joven herrero, un extraño frenesí lo invadió, parecía no darse cuenta de lo que ocurría mientras trabajaba.
Le pareció extraño, el metal parecía adivinar la intensión del muchacho y se mostraba maleable y dócil como arcilla, continuó trabajando con entusiasmo, encantado de la facilidad con la que las barras de metal caliente cobraban forma, una a una las barras de la reja se torcían bajo el martillo del joven herrero, un extraño frenesí lo invadió, parecía no darse cuenta de lo que ocurría mientras trabajaba.
Tomaba una barra y al comenzarla a golpear, esta se calentaba por si sola hasta alcanzar el rojo vivo, el metal parecía cantar bajo el rítmico golpe del martillo, aquella hermosa música rebotaba por los altos techos de la fragua e invadía todo el viejo edificio. El sudor chorreaba por el rostro de Atanael sin darse cuenta que el metal se calentaba y adquiría forma casi por si solo.
En el cubículo contiguo trabajaba un oficial herrero llamado Mäko un diestro Fiöna que había hecho renombre por su mal humor, la música que componía Atanael en su yunque había invadido completamente el lugar y Mäko, también sin darse cuenta y a pesar de su acostumbrado mal humor golpeaba con alegría el metal que comenzó a tomar la forma de una espada contagiado de aquella extraña pasión.
Uno a uno, todos los herreros del taller fueron cayendo presa del frenesí laboral que poseía a Atanael, trabajaban sin darse cuenta sobre el metal que se calentaba solo y bailaba sobre los yunques y las mesas de trabajo, una especie de hipnosis colectiva tomó posesión de todos aquellos que se encontraban dentro de la fragua.
La imagen del industrioso taller era impresionante, los usuales chasquidos cacofónicos de la fragua eran ahora una sinfonía de timbales, címbalos y crótalos. Los ayudantes corrían, yendo y viniendo de las bodegas con el metal en placa o en barra, materia prima que colocaban hipnóticos sobre los lugares de trabajo mientras los oficiales y maestros trabajaban en mil y un productos donde el metal, calentándose por si solo bailaba resplandeciendo con su característico color anaranjado brillante, herramientas subían y bajaban de los estantes, el vapor de los cuencos de agua se levantaba cuando se sumergía el metal caliente hasta que una bruma se formó en el interior de la fragua, de vez en cuando un grito de regocijo se dejaba oír entre el bullicio.
Un aterrado grito detuvo la hermosa danza del acero, en el umbral de la puerta principal de la fragua se encontraba Tandras, su rostro delataba la exaltada impresión que aquella visión le había provocado, todo quedó en silencio y el brillo de los metales se extinguió al enfriarse.
Tandrás caminó por la fragua en grandes zancadas hasta llegar junto a su hijo, miraba fijamente el pecho del muchacho, bajo la camisola empapada de sudor se fugaba el cobrizo brillo del medallón, Atanael se cubrió el pecho con una mano y el brillo desapareció.
Durante varios años he tratado de plasmar en ilustraciones las hermosas imágenes de los territorios que habitan los Fiönas.
Aquí les dejo algunos bosquejos de La Fragua de Tandras, el hermoso edificio donde trabajaba Atanael, como se describe en la historia, se trata de un edificio de dimensiones enormes, aún no he terminado ninguna de las imágenes pero traté de plasmar la naturaleza del edificio.
ARQUITECTURA FIÖNICA
Aquí les dejo algunos bosquejos de La Fragua de Tandras, el hermoso edificio donde trabajaba Atanael, como se describe en la historia, se trata de un edificio de dimensiones enormes, aún no he terminado ninguna de las imágenes pero traté de plasmar la naturaleza del edificio.
Esta es el intento de una perspectiva exterior de la fragua, tuve a mal echarla a perder al tratar de ilustrar las tejas, prometo volverla a hacer para que les quede mas clara la idea.
Otra perspectiva exterior donde se aprecia la geometría del edificio, se trata de una intersección de 5 naves en un hermoso crucero con una cúpula que aloja la fragua principal, aquí puede apreciarse el oculo en el acceso principal con el símbolo de la familia de Atanael.
El alzado principal del edificio, con las naves ojivales de cañón donde se alojan los cubiculos de los herreros.
Una sección transversal del edificio, aquí puede apreciarse la bóveda trunca sobre la gran fragua es por el orificio superior donde se desfoga el humo que despide la fragua.
Una planta de conjunto con los remates de la bóveda, la chimenea superior y las cinco naves ojivales.
La planta del edificio, montado sobre un pedestal de mas de 4 metros de alto que aloja las bodegas, en la segunda planta donde están la fragua al centro y las naves con cubiculos de trabajo para el taller dispuestos en una planta pentagonal, la geometría que honra la memoria de la Diosa Danül.
lunes, 8 de octubre de 2012
El Canto de Mör Sindol
Parte de mi trabajo como contador de historias es viajar a tierras lejanas para llevar a otros las maravillas que Allá pueden verse.
Esta vez viajé a las exóticas tierras de Mör Sindol en la costa suroeste del continente, en ese lugar habitan los Sindarel, uno de los tres Clanes de la especie que se hace llamar los Fiönas.
La ciudad de Mör Sindol es un hermosísimo lugar clavado en la jungla donde la Arquitectura Fiöna se funde con la selva en perfecta armonía con lo natural, venerando siempre a la diosa creadora que ellos llaman Danül.
Pero no es fácil entrar a la ciudad, es costumbre entre el pueblo Sindarel, que todo visitante, para poder acceder, entone una canción a las puertas de la ciudad.
La entrada es un puente tallado en una roca poco común que resplandece con luz propia, construido justo en el acceso, se encuentra el gran ojo que todo lo ve, los Fiönas tienen la creencia de que el ojo resguarda las puertas de la ciudad y según se dice, si alguien con malas intensiones se pone de pié frente al ojo, provocará el colapso del puente y perecerá antes de entrar a la ciudad.
De esta forma se me pidió que cantara en el medio de la selva y que caminara en aquel brillante puente frente al gran ojo, así lo hice y les dejo El Canto en Mör Sindol, un poco desafinado, pero cantado con la mejor de las intensiones y el resultado de mi visita a Mör Sindol.
Como vieron, el resultado de mi visita fue fantástico y justo cuando pasaba sobre el puente y de pié frente al gran ojo de Mör Sindol, los Sindarel comenzaron a acompañar mi canción, mientras algunas percusiones emergieron de entre la maleza, varios Fiönas me salieron al paso cantando y bailando. Me recibieron amistosamente y así pude pasar con ellos unos inolvidables días, donde pasee a mis anchas por los hermosos parajes de aquellas tierras.
Aunque no estoy muy relacionado con la lengua de los Sindarel, hablo fluidamente el lenguaje de los Cëntor, otro de los clanes Fiönas que habitan muy al norte, gracias a que ellos también conocen esa lengua, no tuve problemas para comunicarme y así enterarme de hermosas historias y alegres canciones que en breve difundiré entre ustedes.
Aquí les dejo algunas imágenes de aquellos hermosos parajes donde la realidad se ensancha y el sentido de se ser una criatura humana capaz de entender y valorar la belleza del mundo cobra un valor muy especial.
domingo, 23 de septiembre de 2012
De Atanael y Sindara Capitulo III
CAPITULO III
UN AMANECER EN LA FRAGUA
Con la partida de Tädros la vida de Atanael se tornó gris y rutinaria, se levantaba al alba para trabajar, su día transcurría lento y somnoliento como una llovizna en el verano. Llegaba a casa después del atardecer, y solo comía por costumbre, de inmediato se acostaba evadiendo su aburrimiento y repitiendo así la misma rutina al día siguiente.
Sentía como el tedio lo devoraba y no fue hasta un día de descanso que pasó acostado bajo las sombra de un árbol a las afueras de la aldea, cuando algo interesante irrumpió en su vida.
Durmió profundamente bajo aquel árbol y tuvo un sueño, en el su abuelo de pié entre dos Fiönas mas le hablaba con un tono serio mientras los otros dos permanecían de pié frente a una enorme montaña gris en cuyos picos nevados se formaba una nube negra que comenzaba a cubrir de sombras toda la tierra, de pronto un gran pájaro emergía de la nube y las palabras de Tädros resonaron:
-Busca en tu interior las palabras de la liberación, permite que amanezca dentro de tu alma, toma la luz de tu conciencia y sigue el camino.
Atanael despertó y caminó a casa pensativo, reflexionó durante todo el día acerca de su sueño y tomando la nota de su abuelo se cuestionó, ¿qué significaban las palabras que Tädros había escrito con tinta roja? Las leyó una y otra vez:
-Mira el amanecer en la fragua y despierta la pasión de tu corazón.
¿Que era lo que su abuelo le decía? Desde la partida del viejo Atanael no había hecho otra cosa que entregarse a su trabajo completamente y nada se había aclarado en su cabeza, por el contrario lo había deprimido, entonces pensó que tal vez estas eran instrucciones que debían tomarse textualmente, aunque le tomó tiempo durmió un poco hasta la mañana siguiente.
Se levantó antes del amanecer y vistiéndose apresuradamente corrió al taller, se puso de pié frente a la fragua, este era un gran horno hecho a base de bloques cocidos de arcilla con un armazón de metal reticular por dentro. Esperó hasta que las primeras luces del día se filtraron por el óculo del acceso, miró fijamente al interior del horno y prestó mucha atención, solo veía las paredes interiores chamuscadas y llenas de hollín, notó que apagada, la fragua se veía tan triste y muerta como su vida, pensó que parecía increíble que de esta sencilla construcción pudieran salir obras tan llenas de vida, gracia y belleza. Nada sucedió, y aunque se quedó de pie ahí hasta que los primeros herreros llegaron fue inútil, muy desanimado, se puso a trabajar, esta vez casi como un autómata se ciñó el delantal de cuero y puso manos a la obra.
El día transcurrió normalmente y las horas se alargaron en una tediosa somnolencia que le aplastaba el corazón.
Trabajaba en una reja por encargo para la casa del carnicero de la aldea, una elaborada pieza de tiras retorcidas y tejidas entre sí que requerían de mucho trabajo, tomó un descanso y aprovechó para abatir el fuelle que avivaba la fragua, miró dentro para comprobar que las llamas tuvieran su color amarillento blanquecino característico cuando alcanzan la temperatura requerida para el trabajo y un leve destello captó su atención, animado miro fijamente y abatió un poco mas el fuelle, cuando las llamas alcanzaban su mayor temperatura una media luna rojiza se formó en la parte superior del horno, poco a poco fue haciéndose mas grande a medida que Atanael azotaba el fuelle, la media luna se convirtió en un medio circulo exactamente como había dicho su abuelo a manera de un amanecer, tomo el atizador y picoteó la pared interna del horno, esta se desmoronó un poco hasta que un circulo completo brilló con colores rojizos, dio un rápido vistazo por el taller, nadie lo miraba, no le tomó mucho el abrir una cavidad lo suficientemente grande para dejar ver lo que parecía un disco de metal al rojo vivo, con las pinzas lo arrancó de las paredes de adobe y lo sumergió en el agua, este emitió un chillido al enfriarse dentro de la pileta y un raro vapor cobrizo se levantó.
Cuando estuvo frío Atanael lo tomo en sus manos, estaba hecho del mismo metal que tenían los Sindarel, Atanael se sorprendió al ver que en una de sus caras estaba labrado el sello de su familia y por el otro un extraño y estilizado logotipo con runas en un idioma ilegible, el disco estaba enmarcado por una greca en su periferia exterior de un color plateado que contrastaba con el cobrizo de toda la pieza, era pesado y muy duro, Atanael lo metió en su bolsillo, cerciorándose de que nadie lo viera y continuó con su jornada, su corazón latía de excitación.
No volvió a sacarlo en todo el día, sentía su peso dentro del bolsillo y la emoción embriagaba su cabeza. Cuando salió del taller corrió a casa, una vez en su habitación lo admiró durante un largo rato, una prenda de su abuelo, que fantásticas historias se imaginó con el medallón, imaginó el desconocido pasado de su abuelo, los tiempos de la guerra y a Tädros luchando con su espada hombro con hombro de aquellos impresionantes caballeros Sindarel, o tal vez, forjando el medallón para alguna hermosa dama, Atanael no conoció a su abuela, había muerto poco después de que el naciera, su padre contaba que había sido una hermosa doncella Andüy de ojos amarillos, con cabellos largos y piel pálida, pero eso era todo, nadie hablaba jamás de ella.
Soñó con sus abuelos recorriendo Nolthorión de punta a punta e imaginó la hermosa historia que debió haber sido una pareja híbrida en esos tiempos que en que no era permitido, mucho tiempo permaneció el muchacho tumbado sobre su cama hasta que el sueño lo venció.
Al día siguiente el ansia lo despertó muy temprano, no había suficiente tiempo para desperdiciarlo en el trabajo, tomo el medallón y corrió hasta el bosque donde se internó hasta perderse en la verde penumbra de su interior, amaba el bosque como a pocas cosas, Atanael creía ahora en el espíritu de Thaëlel que dentro del bosque se apoderaba de su alma y lo sumaba a la hermosa danza del universo creada por Danül.
Se sentó junto a el tronco de un enorme árbol milenario, y apoyando su espalda en el aspiró fuertemente, el aroma del musgo le hizo sentir un agradable escalofrío, cerró los ojos y se concentro en los sonidos que lo rodeaban, el leve zumbido del viento pasando entre las ramas y el rechinido de los troncos meciéndose, el himnotizante batir de las alas de los insectos, una inmensa tranquilidad le invadió.
Tomó el medallón en sus manos y lo acarició como queriendo sacarle brillo, al instante un pequeño destello se emitió de la greca que tenía alrededor y esta se escurrió como liquida sobre las manos de Atanael hasta convertirse en una cadena, Atanael no creía lo que veía, se colgó el medallón en el cuello, la prenda de su abuelo lo hacía sentirse mejor, importante.
De pronto Atanael sintió que el medallón se calentaba, lo miró colgando en su pecho y este se licuó, escurrió por su pecho hasta filtrarse entre los poros de su piel, un agudo dolor le quemó el pecho arrojándolo al suelo, se sacudía entre las hojas en espasmos de dolor que le penetraba hasta los huesos, el terror le nubló la cabeza mientras miraba el medallón transformado en un liquido cobrizo que se aferraba a su piel metiéndose en su pecho. Aterrado tiró de la cadena pero esta también se metía en su pecho y al jalar, la piel se le tensaba castigándolo con un dolor aún mas penetrante, el dolor fue creciendo hasta que lo dejó inconsciente tendido sobre el bosque de Anthoras, el cobrizo metal terminó de escurrir dentro de su piel hasta que no quedó nada.
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- Tumblebug
- Provengo de una familia donde la épica y la fantasía se mezclan con la realidad, crecí escuchando histórias fantasticas de mi abuelo en las profundidades de la Huasteca, mas adelante me cautivaron toda clase de libros con historias de tierras lejanas y personajes asombrosos, comencé a escribir desde los 9 años, durante la adolescencia me entregué a la literatura épica y fantástica y de alguna manera mi vida se contagió y las histórias comenzaron a suceder delante de mis ojos. Al convertirme en padre y tener la oportunidad de contar cuentos e histórias estalló dentro de mí una fascinación por crear, ilustrar y musicalizar cuanta história brotaba de mi cabeza o la de mis hijos, el día de hoy me doy cuenta de que mi propia vida es el mejor lugar de donde sacar historias y gozo profundamente al plasmarla en alegorías con imágenes, textos y musica.


































