martes, 23 de octubre de 2012

De Atanael y Sindara Capitulo V



LA CASA DE SINDARA


La luz del sol bañaba suavemente los pulidos bloques de granito, el color blanco de la roca contrastaba con finas betas purpúreas que parecían bailar animadas por las sombras de miles de hojas que el viento agitaba allá en lo alto. Un embriagante olor a hierba inundaba el pequeño bosquecillo donde se alzaba el templo de Nolthoriön. 
Aquel paraje estaba desierto y las hojas cantaban con un suave siseo, acompañando la melodía que Sindara tocaba en una flauta.
Sentada sobre la hierba apoyaba la espalda en el muro Septentrional del templo. Labradas en la roca estaban las figuras de todos los reyes del Clan Cëntor desde el principio de los tiempos, comenzando con la figura del mismo Cëntor  quien fundara el Clan Cëntor, hasta el último monarca de la casa Cëntor, Calthas, las facciones del Fiöna labrado en la piedra reflejaban el mismo perfil de la chica quien despreocupadamente sobre las hojas secas interpretaba dulces notas que hacían eco en el bosque.
Sindara Dän Calthas Tur Methram Danadän Eph Ras Nolthoriön Tög Cënthor Farmëlion, así había sido nombrada el día de su nacimiento, así los Fiönas nombran a la gente: 
"Esta es Sindara hija de Calthas nacida del vientre de Danadän en Nolthoriön quien en imagen, espíritu y voluntad pertenece al Clan Cëntor".

La gente de Nolthoriön contaba que el día del nacimiento de Sindara, cosas excepcionales habían ocurrido. El cielo había devorado al sol, oscureciéndolo todo y en medio de las tinieblas, una estrella purpúrea había asomado por el horizonte, un amanecer morado iluminó la punta de la torre mas alta de Notlhoriön. Los viejos decían que por la ventana de la habitación se habían colado los rayos de la estrella quedando atrapados en los ojos de la infanta y así, desde entonces, mezclado con el color amarillo de sus ojos Cëntor un tenue tono morado los hacía brillantes pero profundos a la vez.
La chica de amarillos cabellos tenía un rostro pálido y afilado donde los destellos de aquellos ojos amarillos atrapaban y sumergían en una insondable tranquilidad a todo aquel que los mirara, algunos decían incluso, que si se miraba con detenimiento podía notarse en lo profundo de aquella insondable mirada, la luz purpúrea que habían atrapado desde su nacimiento.

Danadän, su madre, le había dado aquel nombre en memoria de la alianza celebrada con el Clän Sindarel en tiempos de la guerra con Hessya que tanta miseria trajo a la raza Fiöna.

Un Cuerno resonó entre los arboles y Sindara se estremeció con el sonido, de inmediato guardo la flauta en un bolsillo de su chaleco y de un salto se puso en pié, corrió entre los arboles hasta alcanzar una hermosa puerta de metal colocada bajo un arco de piedra burda, al cruzarlo se encontró con un racimo de casas de madera muy pálidas hábilmente labradas con adornos, corrió por una calle que ascendía en dirección al centro de la ciudad. Las casas se apiñaban ordenadas a los costados de la calle, todas con techos en dos aguas que dibujaban un paisaje urbano cálido y ordenado, fuentes y pequeños jardines se abrían aquí y allá moteando con flores y arboles los colores de una ciudad con calles en forma de plato roto.
Todas las vías de la ciudad corrían cuesta arriba hasta converger en lo alto de una loma en un anillo con baldosas blancas que rodeaban una empalizada tras la cual sobresalía alto y orgulloso el palacio de Nolthoriön, tallado en la misma piedra del templo que se encontraba abajo.
Sindara no subió rumbo al palacio, por el contrario, torció sus pasos en un callejón que interceptaba con una calle ancha pavimentada con las mismas baldosas blancas, esta se extendía cuesta abajo rumbo a un gran valle dominado por el promontorio donde la ciudad había sido construida. Aceleró sus pasos y rápidamente atravesó la ciudad hasta llegar a las puertas de ésta, franqueadas por altos muros de piedra que guardaban la ciudad. Cruzó la acrada justo al momento en el que aquel cuerno sonaba una vez mas. 
El sonido rebotó por todo el valle durante algunos segundos y Sindara se detuvo atenta, a lo lejos, en el punto mas bajo del valle un resueno parecido al cuerno respondió al llamado mientras un pequeño tremor sacudió la tierra, Sindara pudo sentir la vibración en sus pies calzados con botas de piel mullida hasta las pantorrillas, se arrodilló y colocó la palma de su mano sobre el camino de tierra ya fuera de la ciudad.
El leve tremor crecía mientras el cuerno resonaba una vez mas, miró a un costado, a lo lejos una multitud de Fiönas aguardaba junto a una extraña estructura de madera de dimensiones asombrosas que se encontraba conectada con la gran muralla de Nolthoriön. recorrió con la mirada todo el valle siguiendo la senda del camino que serpenteaba valle abajo hasta perderse entre grandes lomerios de hierba verde que parecían un océano verde.
La vibración se acrecentó y el tremor de la tierra comenzó a mover la grava del camino, Sindara lanzó un grito de emoción y corrió para reunirse con su gente, una sonrisa se dibujó en su rostro mientras corría con todas sus fuerzas.

Llegó donde la gente se encontraba reunida, cientos de fiönas ataviados con guantes y botas de piel aguardaban expectantes, algunos encaramados en aquella estructura, otros montados a caballo y otros mas a pié con enormes pértigas de madera que remataban con látigos de soga en la punta.
Colosal fue el bramido que sacudió el aire rebotando en las murallas y esparciéndose sobre el gran valle. había un grupo de Fiönas que se encontraba a cincuenta metros bajando rumbo al valle, varios de ellos con cabello cano trenzado en la espalda daban instrucciones a un Fiöna de talla grande con barba roja, otros escuchaban atentos.
A la señal de los mas viejos varias decenas de Fiönas montaron a caballo y desplegaron abanicos enormes de colores montados en ligeras estructuras sobre las ancas de sus caballos.
Un bramido mas retumbó en lontananza, ¡uno mas! y otro hasta que un ensordecedor coro de bramidos graves y guturales llenaron la ladera de la colina.
A lo lejos una enorme mancha negra asomó por una de las lomas, detrás de esta una pequeña linea moteada de colores café, negro, amarillo y terracota recortó el horizonte, detrás, se formaba una nube de polvo parecida a las tormentas de arena que azotan el desierto de Daicüm en la parte meridional del continente.

Aquella linea se extendió cubriendo todo el horizonte y comenzó a crecer. Un Fiöna con el rostro pintado de color rojo lanzó un grito de excitación mientras el cuerno resonaba estridente sobre las murallas, toda la gente lanzó un aullido que rivalizó con los bramidos que cubrían el valle entero.
La mancha moteada del horizonte se extendió acercándose cada vez mas a ellos, los ancianos dieron instrucciones al fiöna de la barba roja y esté haciendo una señal a los jinetes, emprendió una vertiginosa carrera cuesta abajo.
El espectáculo de los jinetes galopando en el valle sobre caballos con crestas en abanico extendido de mas de diez metros de altura era increíble.
Toda la gente que aguardaba al pié de las murallas lanzó un solo grito que pareció cubrir la tierra entera mientras el tremor de la tierra crecía sacudiéndolo todo como un terremoto colosal.





Sindara Dän Calthas Tur Methram Danadän Eph Ras Nolthoriön Tög Cënthor Farmëlion

martes, 16 de octubre de 2012

De Atanael y Sindara Capitulo IV

La Danza del Acero



Oscuros nubarrones se formaron sobre el bosque de Anthoras, el sol se ocultaba al poniente y el viento soplaba azotando los arboles, una tormenta se acercaba y los rayos resplandecían en el oriente.
De pronto un gran destello purpúreo recorrió el cielo y un trueno invadió la tierra, en el bosque algo se movía entre los arbustos, avanzaba a paso constante y ruidoso, las ramas crujían a su paso como si nada pudiese detenerlo, los mismos troncos de aquellos arboles milenarios parecieron hacerse a un lado abriendo paso a lo que fuera que atravesaba el bosque.

La tormenta había alcanzado la aldea de Anthoras y grandes gotas comenzaron a caer sobre las hierbas y la tierra seca, una leve neblina de polvo se levantaba mientras la lluvia mojaba la arcilla convirtiéndola en un espeso lodo.
Atanael despertó al sentir la lluvia cayendo en su rostro, estaba empapado y ríos de lodo corrían a sus costados, se miró el pecho, no había señales del medallón ni cicatriz alguna que acusara la aterradora experiencia que había sufrido. Buscó entre los ríos de lodo que corrían furiosos, pero no pudo encontrar nada, se levantó y corrió desesperado buscando aquel medallón.

-La lluvia se lo habrá llevado, pensó desesperado, corrió siguiendo los numerosos riachuelos, pero no encontró nada.

La lluvia se tornaba cada vez mas fuerte y era casi imposible buscar. Corrió rumbo al camino y alcanzó a ver aquel destello purpúreo en el cielo. Un dolor seco se le clavó en el pecho y cayó al suelo, volvió a mirarse bajo la camisola y reconoció perfectamente bajo la carne, el aro brillante del medallón y el emblema de su familia brillando bajo su piel, soltó un grito aterrador al darse cuenta que el medallón estaba dentro de su pecho, se oprimió la piel y sintió perfectamente el volumen del metal bajo la piel.

Tan pronto como el destello se desvaneció en el horizonte también lo hizo el brillo del medallón hasta que dejó de verse bajo la carne, se tocó de nuevo la piel…pudo sentirlo ahí dentro.
Una desesperación horrible lo invadió y corrió desorientado tropezando y cayendo sobre los enormes charcos que había a un lado del camino. De tropezón en tropezón volvió a ahogarse de terror, un llanto amargo y desesperado desgarraba su garganta y sus lagrimas se perdían entre la lluvia, se tendió en cuatro luces llorando y vomitando.
La lluvia no paraba y transcurrió un largo rato hasta que el cansancio le impidió seguir llorando, su estómago se había vaciado y las contracciones lo habían dejado exhausto, tomó aire y trató de tranquilizarse, alzó la cabeza, a lo lejos, las lamparas de la aldea ya estaban encendidas, tomó fuerzas y se puso de pié, poco a poco y con mucho esfuerzo comenzó a caminar. Paso a paso el terror se disipaba, caminaba con la cabeza baja, revisando su pecho en todo momento, no podía creerlo.

 -¿que extraña brujería era esto? Una y otra vez pasaba los dedos sobre el medallón, lo sentía perfectamente, se había adherido a sus entrañas.


Un ruido seco entre el sonido de la lluvia atrajo su atención en dirección de los arboles en el lindero del bosque, algo se movía ahí dentro, un árbol enorme se tambaleó y el siguiente también, describiendo la trayectoria de un andar terrible, entre las sombras distinguió perfectamente unos ojos que brillaron con la intensidad del fuego.
El movimiento cesó y aquella criatura se quedó inmóvil entre las sombras del bosque, un escalofrío agudo recorrió la espalda de Atanel pero no sintió miedo, una extraña empatía en esa mirada lo atrajo, dio un paso en dirección al bosque, un paso mas, aquellos ojos se volvieron cada vez mas claros y entre la penumbra del bosque una silueta comenzó a aclararse, avanzaba lentamente acercándose cada vez mas a Atanael. 
Cuando se encontraba en la orilla del bosque un poco de luz permitió adivinar una figura ataviada en armadura de cuero, tras el lodo y algunas hojas se apreciaba un rostro pálido.
Atanael se dispuso a acercarse mas cuando por detrás de él una mano firme lo tomó por el brazo, ¡el muchacho volteó rápidamente y dio un grito! 
Se encontró con la mirada bicolor de su padre que ardiendo en rabia le gritaba

-¡Donde haz estado! te hemos buscado todo el día, ¿por que no te presentaste en la fragua?

Atanael volvió la mirada al bosque, la figura había desaparecido.

-Pero…¡padre! yo solo estaba…

-¡Nada de eso! Ahora mismo regresarás y tendrás que reponer el tiempo que gastaste holgazaneando.

Casi a rastras, Tandras llevó al muchacho de vuelta a la aldea.

El día siguiente Atanael fue encomendado a realizar varias tareas, tendría que trabajar tiempo extra para pagar el día de ausencia.
Aún no acababa de comprender lo que había sucedido, constantemente se tocaba el pecho delineando el medallón que se había fundido en el.
Continuó trabajando en aquella reja para el carnicero, la imagen de aquellos ojos regresó a su mente:

-¡Una mirada que quemaba! pensó Atanael mientras golpeaba hábilmente el metal sobre un viejo yunque. 

Le pareció extraño, el metal parecía adivinar la intensión del muchacho y se mostraba maleable y dócil como arcilla, continuó trabajando con entusiasmo, encantado de la facilidad con la que las barras de metal caliente cobraban forma, una a una las barras de la reja se torcían bajo el martillo del joven herrero, un extraño frenesí lo invadió, parecía no darse cuenta de lo que ocurría mientras trabajaba.
Tomaba una barra y al comenzarla a golpear, esta se calentaba por si sola hasta alcanzar el rojo vivo, el metal parecía cantar bajo el rítmico golpe del martillo, aquella hermosa música rebotaba por los altos techos de la fragua e invadía todo el viejo edificio. El sudor chorreaba por el rostro de Atanael sin darse cuenta que el metal se calentaba y adquiría forma casi por si solo. 
En el cubículo contiguo trabajaba un oficial herrero llamado Mäko un diestro Fiöna que había hecho renombre por su mal humor, la música que componía Atanael en su yunque había invadido completamente el lugar y Mäko, también sin darse cuenta y a pesar de su acostumbrado mal humor golpeaba con alegría el metal que comenzó a tomar la forma de una espada contagiado de aquella extraña pasión. 
Uno a uno, todos los herreros del taller fueron cayendo presa del frenesí laboral que poseía a Atanael, trabajaban sin darse cuenta sobre el metal que se calentaba solo y bailaba sobre los yunques y las mesas de trabajo, una especie de hipnosis colectiva tomó posesión de todos aquellos que se encontraban dentro de la fragua.
La imagen del industrioso taller era impresionante, los usuales chasquidos cacofónicos de la fragua eran ahora una sinfonía de timbales, címbalos y crótalos. Los ayudantes corrían, yendo y viniendo de las bodegas con el metal en placa o en barra, materia prima que colocaban hipnóticos sobre los lugares de trabajo mientras los oficiales y maestros trabajaban en mil y un productos donde el metal, calentándose por si solo bailaba resplandeciendo con su característico color anaranjado brillante, herramientas subían y bajaban de los estantes, el vapor de los cuencos de agua se levantaba cuando se sumergía el metal caliente hasta que una bruma se formó en el interior de la fragua, de vez en cuando un grito de regocijo se dejaba oír entre el bullicio.

Un aterrado grito detuvo la hermosa danza del acero, en el umbral de la puerta principal de la fragua se encontraba Tandras, su rostro delataba la exaltada impresión que aquella visión le había provocado, todo quedó en silencio y el brillo de los metales se extinguió al enfriarse.
Tandrás caminó por la fragua en grandes zancadas hasta llegar junto a su hijo, miraba fijamente el pecho del muchacho, bajo la camisola empapada de sudor se fugaba el cobrizo brillo del medallón, Atanael se cubrió el pecho con una mano y el brillo desapareció.



ARQUITECTURA FIÖNICA

Durante varios años he tratado de plasmar en ilustraciones las hermosas imágenes de los territorios que habitan los Fiönas.
Aquí les dejo algunos bosquejos de La Fragua de Tandras, el hermoso edificio donde trabajaba Atanael, como se describe en la historia, se trata de un edificio de dimensiones enormes, aún no he terminado ninguna de las imágenes pero traté de plasmar la naturaleza del edificio.



Esta es el intento de una perspectiva exterior de la fragua, tuve a mal echarla a perder al tratar de ilustrar las tejas, prometo volverla a hacer para que les quede mas clara la idea.



Otra perspectiva exterior donde se aprecia la geometría del edificio, se trata de una intersección de 5 naves en un hermoso crucero con una cúpula que aloja la fragua principal, aquí puede apreciarse el oculo en el acceso principal con el símbolo de la familia de Atanael.



El alzado principal del edificio, con las naves ojivales de cañón donde se alojan los cubiculos de los herreros.



Una sección transversal del edificio, aquí puede apreciarse la bóveda trunca sobre la gran fragua es por el orificio superior donde se desfoga el humo que despide la fragua.



Una planta de conjunto con los remates de la bóveda, la chimenea superior y las cinco naves ojivales.



La planta del edificio, montado sobre un pedestal de mas de 4 metros de alto que aloja las bodegas, en la segunda planta donde están la fragua al centro y las naves con cubiculos de trabajo para el taller dispuestos en una planta pentagonal, la geometría que honra la memoria de la Diosa Danül.

lunes, 8 de octubre de 2012

El Canto de Mör Sindol

Parte de mi trabajo como contador de historias es viajar a tierras lejanas para llevar a otros las maravillas que Allá pueden verse.
Esta vez viajé a las exóticas tierras de Mör Sindol en la costa suroeste del continente, en ese lugar habitan los Sindarel, uno de los tres Clanes de la especie que se hace llamar los Fiönas.
La ciudad de Mör Sindol es un hermosísimo lugar clavado en la jungla donde la Arquitectura Fiöna se funde con la selva en perfecta armonía con lo natural, venerando siempre a la diosa creadora que ellos llaman Danül.
Pero no es fácil entrar a la ciudad, es costumbre entre el pueblo Sindarel, que todo visitante, para poder acceder, entone una canción a las puertas de la ciudad. 

La entrada es un puente tallado en una roca poco común que resplandece con luz propia, construido justo en el acceso, se encuentra el gran ojo que todo lo ve, los Fiönas tienen la creencia de que el ojo resguarda las puertas de la ciudad y según se dice, si alguien con malas intensiones se pone de pié frente al ojo, provocará el colapso del puente y perecerá antes de entrar a la ciudad.

De esta forma se me pidió que cantara en el medio de la selva y que caminara en aquel brillante puente frente al gran ojo, así lo hice y les dejo El Canto en Mör Sindol, un poco desafinado, pero cantado con la mejor de las intensiones y el resultado de mi visita a Mör Sindol.



Como vieron, el resultado de mi visita fue fantástico y justo cuando pasaba sobre el puente y de pié frente al gran ojo de Mör Sindol, los Sindarel comenzaron a acompañar mi canción, mientras algunas percusiones emergieron de entre la maleza, varios Fiönas me salieron al paso cantando y bailando. Me recibieron amistosamente y así pude pasar con ellos unos inolvidables días, donde pasee a mis anchas por los hermosos parajes de aquellas tierras.
Aunque no estoy muy relacionado con la lengua de los Sindarel, hablo fluidamente el lenguaje de los Cëntor, otro de los clanes Fiönas que habitan muy al norte, gracias a que ellos también conocen esa lengua, no tuve problemas para comunicarme y así enterarme de hermosas historias y alegres canciones que en breve difundiré entre ustedes.

Aquí les dejo algunas imágenes de aquellos hermosos parajes donde la realidad se ensancha y el sentido de se ser una criatura humana capaz de entender y valorar la belleza del mundo cobra un valor muy especial.



























domingo, 23 de septiembre de 2012

De Atanael y Sindara Capitulo III



CAPITULO III

UN AMANECER EN LA FRAGUA

Con la partida de Tädros la vida de Atanael se tornó gris y rutinaria, se levantaba al alba para trabajar, su día transcurría lento y somnoliento como una llovizna en el verano. Llegaba a casa después del atardecer, y solo comía por costumbre, de inmediato se acostaba evadiendo su aburrimiento y repitiendo así la misma rutina al día siguiente.
Sentía como el tedio lo devoraba y no fue hasta un día de descanso que pasó acostado bajo las sombra de un árbol a las afueras de la aldea, cuando algo interesante irrumpió en su vida. 
Durmió profundamente bajo aquel árbol y tuvo un sueño, en el su abuelo de pié entre dos Fiönas mas le hablaba con un tono serio mientras los otros dos permanecían de pié frente a una enorme montaña gris en cuyos picos nevados se formaba una nube negra  que comenzaba a cubrir de sombras toda la tierra, de pronto un gran pájaro emergía de la nube y las palabras de Tädros resonaron:
-Busca en tu interior las palabras de la liberación, permite que amanezca dentro de tu alma, toma la luz de tu conciencia y sigue el camino.
Atanael despertó y caminó a casa pensativo, reflexionó durante todo el día acerca de su sueño y tomando la nota de su abuelo se cuestionó, ¿qué significaban las palabras que Tädros había escrito con tinta roja? Las leyó una y otra vez:
-Mira el amanecer en la fragua y despierta la pasión de tu corazón.
¿Que era lo que su abuelo le decía? Desde la partida del viejo Atanael no había hecho otra cosa que entregarse a su trabajo completamente y nada se había aclarado en su cabeza, por el contrario lo había deprimido, entonces pensó que tal vez estas eran instrucciones que debían tomarse textualmente, aunque le tomó tiempo durmió un poco hasta la mañana siguiente.
Se levantó antes del amanecer y vistiéndose apresuradamente corrió al taller, se puso de pié frente a la fragua, este era un gran horno hecho a base de bloques cocidos de arcilla con un armazón de metal reticular por dentro. Esperó hasta que las primeras luces del día se filtraron por el óculo del acceso, miró fijamente al interior del horno y prestó mucha atención, solo veía las paredes interiores chamuscadas y llenas de hollín, notó que apagada, la fragua se veía tan triste y muerta como su vida, pensó que parecía increíble que de esta sencilla construcción pudieran salir obras tan llenas de vida, gracia y belleza. Nada sucedió, y aunque se quedó de pie ahí hasta que los primeros herreros llegaron fue inútil, muy desanimado, se puso a trabajar, esta vez casi como un autómata se ciñó el delantal de cuero y puso manos a la obra.
El día transcurrió normalmente y las horas se alargaron en una tediosa somnolencia que le aplastaba el corazón.
Trabajaba en una reja por encargo para la casa del carnicero de la aldea, una elaborada pieza de tiras retorcidas y tejidas entre sí que requerían de mucho trabajo, tomó un descanso y aprovechó para abatir el fuelle que avivaba la fragua, miró dentro para comprobar que las llamas tuvieran su color amarillento blanquecino característico cuando alcanzan la temperatura requerida para el trabajo y un leve destello captó su atención, animado miro fijamente y abatió un poco mas el fuelle, cuando las llamas alcanzaban su mayor temperatura una media luna rojiza se formó en la parte superior del horno, poco a poco fue haciéndose mas grande a medida que Atanael azotaba el fuelle, la media luna se convirtió en un medio circulo exactamente como había dicho su abuelo a manera de un amanecer, tomo el atizador y picoteó la pared interna del horno, esta se desmoronó un poco hasta que un circulo completo brilló con colores rojizos, dio un rápido vistazo por el taller, nadie lo miraba, no le tomó mucho el abrir una cavidad lo suficientemente grande para dejar ver lo que parecía un disco de metal al rojo vivo, con las pinzas lo arrancó de las paredes de adobe y lo sumergió en el agua, este emitió un chillido al enfriarse dentro de la pileta y un raro vapor cobrizo se levantó.
Cuando estuvo frío Atanael lo tomo en sus manos, estaba hecho del mismo metal que tenían los Sindarel, Atanael se sorprendió al ver que en una de sus caras estaba labrado el sello de su familia y por el otro un extraño y estilizado logotipo con runas en un idioma ilegible, el disco estaba enmarcado por una greca en su periferia exterior de un color plateado que contrastaba con el cobrizo de toda la pieza, era pesado y muy duro, Atanael lo metió en su bolsillo, cerciorándose de que nadie lo viera y continuó con su jornada, su corazón latía de excitación.
No volvió a sacarlo en todo el día, sentía su peso dentro del bolsillo y la emoción embriagaba su cabeza. Cuando salió del taller corrió a casa, una vez en su habitación lo admiró durante un largo rato, una prenda de su abuelo, que fantásticas historias se imaginó con el medallón, imaginó el desconocido pasado de su abuelo, los tiempos de la guerra y a Tädros luchando con su espada hombro con hombro de aquellos impresionantes caballeros Sindarel, o tal vez, forjando el medallón para alguna hermosa dama, Atanael no conoció a su abuela, había muerto poco después de que el naciera, su padre contaba que había sido una hermosa doncella Andüy de ojos amarillos, con cabellos largos y piel pálida, pero eso era todo, nadie hablaba jamás de ella. 
Soñó con sus abuelos recorriendo Nolthorión de punta a punta e imaginó la hermosa historia que debió haber sido una pareja híbrida en esos tiempos que en que no era permitido, mucho tiempo permaneció el muchacho tumbado sobre su cama hasta que el sueño lo venció.
Al día siguiente el ansia lo despertó muy temprano, no había suficiente tiempo para desperdiciarlo en el trabajo, tomo el medallón y corrió hasta el bosque donde se internó hasta perderse en la verde penumbra de su interior, amaba el bosque como a pocas cosas, Atanael creía ahora en el espíritu de Thaëlel que dentro del bosque se apoderaba de su alma y lo sumaba a la hermosa danza del universo creada por Danül.
 Se sentó junto a el tronco de un enorme árbol milenario, y apoyando su espalda en el aspiró fuertemente, el aroma del musgo le hizo sentir un agradable escalofrío, cerró los ojos y se concentro en los sonidos que lo rodeaban, el leve zumbido del viento pasando entre las ramas y el rechinido de los troncos meciéndose, el himnotizante batir de las alas de los insectos, una inmensa tranquilidad le invadió.
Tomó el medallón en sus manos y lo acarició como queriendo sacarle brillo, al instante un pequeño destello se emitió de la greca que tenía alrededor y esta se escurrió como liquida sobre las manos de Atanael hasta convertirse en una cadena, Atanael no creía lo que veía, se colgó el medallón en el cuello, la prenda de su abuelo lo hacía sentirse mejor, importante.
De pronto Atanael sintió que el medallón se calentaba, lo miró colgando en su pecho y este se licuó, escurrió por su pecho hasta filtrarse entre los poros de su piel, un agudo dolor le quemó el pecho arrojándolo al suelo, se sacudía entre las hojas en espasmos de dolor que le penetraba hasta los huesos, el terror le nubló la cabeza mientras miraba el medallón transformado en un liquido cobrizo que se aferraba a su piel metiéndose en su pecho. Aterrado tiró de la cadena pero esta también se metía en su pecho y al jalar, la piel se le tensaba castigándolo con un dolor aún mas penetrante, el dolor fue creciendo hasta que lo dejó inconsciente tendido sobre el bosque de Anthoras, el cobrizo metal terminó de escurrir dentro de su piel hasta que no quedó nada.

sábado, 8 de septiembre de 2012

De Atanael y Sindara Capitulo II "Viento en el Camino"


II.- Viento en el Camino.




Ya era tarde cuando salieron del campamento de los viajeros, y Atanael recordó su cita con Galël, el soldado quien hubiese saludado antes, se  despidió de su abuelo y  no dejó de correr hasta ver el enorme disco de madera con un bisonte gravado, “Talas Ethra Nüi” decían las letras de metal incrustadas en la parte inferior del disco, las palabras en lengua Cëntor para describir al primer becerro nacido en la primavera, él mismo las había forjado varios años atrás, empujó con fuerza un enorme portón que se quejó como quien despierta después de una siesta vespertina.
Un hermoso aroma embriagó a Atanael apenas se encontró dentro, carne asándose al fuego, sazonada con hierbas de olor, cerveza cruda y pan recién horneado.
La clientela volteó taciturnamente mientras el avanzaba a la barra regresando de inmediato a lo que cada uno estaba haciendo, aunque Atanael era muy joven, tenía ya edad para visitar estos lugares, se acercó al tabernero quien le ofreció al instante un tarro de cobre:
-Cerveza de trigo para el aprendiz. Dijo cariñosamente mientras comenzaba a pulir un tarro de bronce que se negaba a dar cualquier tipo de destello, a una seña del tabernero Atanael miró a un rincón donde estaban sentados Galël y el padre de Atanael, la punta de sus narices era ya de un color rojizo, con ojos entreabiertos y muy alegremente llamaron al muchacho:
-¡Acércate Atanael! ¡Tu padre me a acompañado toda la tarde y sus chistes me han aburrido! Gritó Galël arrastrando la lengua, Atanael tomó un banco, colocó su tarro en la mesa y saludo respetuosamente a su padre, haciendo una pequeña reverencia.
-Anda muchacho, acompáñanos que con tu trabajo te lo haz ganado hoy. Dijo Tandras mientras rodeaba a su hijo con el brazo, Atanael apuró un trago de cerveza y cuestionó a Galël:
-Dime Galël ¿Que cosas interesantes puedes contarme de las fronteras?
-¡No mucho! contestó el soldado, la frontera meridional es tan calmada y aburrida que creo que antes de que algo ocurra me comerán los gusanos.
Por detrás de Atanael una hermosa tabernera se acercó, llevaba un vestido de una pieza ajustada en el pecho y el talle hasta la cintura de donde colgaba una amplia falda, de las cortas mangas  bombachas asomaban unos delicados pero fuertes brazos que cargaban una charola con varios trozos de carne que despedían un riquísimo aroma, las entrañas de Atanael se quejaron exigiendo un gran trozo, sin pensarlo dos veces se sirvió y devoró una buena parte antes de unirse a una platica que solo acarició detalles rutinarios y algo tediosos de la organización militar de la frontera y uno que otro avistamiento de bestias enormes al otro lado de la muralla de Balël.
Habrían pasado dos horas cuando las puertas de la taberna volvieron a gemir, esta vez las miradas taciturnas se convirtieron en admiración cuando entraron cuatro soldados Sindarel, ataviados con armaduras de la guardia real de Yännen, altos Fiönas de rostros fríos, grises y duros pero hermosos como la niebla de la mañana, sus relampagueantes ojos plateados brillaban por encima de la tenue luz de las antorchas, se detuvieron al frente de la barra y haciendo una profunda y graciosa caravana, el líder se adelantó un paso a sus compañeros, parecía un gran árbol plantado en el centro de la taberna, Atanael notó en sus manos un anillo con una piedra plateada engarzada que brillaba con luz propia, alumbrando unos larguísimos dedos que se apoyaban en el pomo de su espada, tenía una forma muy rara, delgada como un junco y envainada en un estuche con gravados que simulaban las olas del mar. Todos guardaron silencio, y exclamo con una voz tan dulce que recordaba el viento en los árboles.
 –¡Jaiv naj drahël! el saludo cortes en lengua Sindarel, después habló en lengua Cëntor con un acento bastante raro.
 –Hermanos Cëntor buscamos al Fiöna nombrado Tädros, se nos ha indicado que podríamos encontrarlo aquí
Todas las miradas se dirigieron hacia la mesa de Tandras, se levantó y forzando una falsa nobleza contestó:
-Yo soy su hijo y puedo llevarlos donde el. 
Hizo un gesto a Atanael para que se quedara con Gälel y salió con los soldados.
-Esta es la primera vez que veo soldados de la guardia real de Mör Sindol, algo serio está ocurriendo. Dijo Galël.
Atanael no tenía idea de que fuera lo que los Sindarel tuviesen que ver con su abuelo, y desobedeciendo a su padre se despidió de Galël regresando a casa.
Al llegar encontró fuera a cuatro hermosos corceles de batalla, eran enormes y de color blanco moteado, sus riendas, silla y estribos estaban labrados en un extraño metal de color cobrizo y gravados en ellos habían escenas del mar y criaturas que Atanael no conocía, cuando se acercó, estos voltearon a verlo, pareciera que tenían la inteligencia de un Fiöna pues todos se irguieron cuan altos eran y se acomodaron en fila, como demostrando su nobleza con un leve tono de desdén, Atanael se tomó su tiempo para admirarlos y entró a la casa. Al abrir la puerta se encontró con su padre quien le azotó con aquella mirada de furia bicolor que el conocía muy bien:
-¡Te dije que te quedaras en la taberna! De inmediato lo forzó a salir y cerró el cerrojo cuando Atanael estuvo fuera, tan solo alcanzó a ver a su abuelo sentado en la mesa con los soldados, leía un documento y en su cara había una mirada de congoja.
Se sentó en las escaleras del porche y esperó durante horas, llegó a escuchar como hablaban pero todo era en legua Sindarel de la que Atanael no entendía nada, la conversación parecía ser calmada y agradable, pero no escuchó ni risas ni tonos de alegría en ella, al cabo de mucho tiempo los soldados salieron de la casa y de inmediato montaron y se marcharon sin voltear a ver al muchacho.
Trató de entrar a la casa pero habían puesto el cerrojo de nuevo, Atanael soltó un gemido de tedio y se acurruco al pie de la puerta hasta que se quedó dormido. 
Sin saber cuanto tiempo había transcurrido, lo despertó la suave voz de su hermana Mänuen cuando ya despuntaban las luces del amanecer, Mänuen quien era menor que Atanael, una niña de cabellos oscuros como los de Atanael, su cara era de un color muy pálido y había heredado los ojos mixtos de su padre, Atanael la amaba por encima de muchos, el corazón de la pequeña era noble y cálido.
 -Ya puedes entrar Atanael, te vas a morir de frío ¡vamos! duerme un poco que aún queda tiempo.
Atanael se levantó amodorrado y dando traspiés logró llegar a su cama, se tumbó a dormir, casi sin la conciencia de lo que había ocurrido.
El sol ya había salido cuando lo despertó el ruido de pasos que iban y venían por la casa, salió de su habitación, todos estaban muy atareados, Candallia, La madre de Atanael preparaba una fardo de provisiones, Mänuen corría llevando ropa limpia desde una habitación hasta la mesa donde se encontraba su abuelo preparando otra mochila, grandes ruidos provenían del ático donde Tandras parecía estarse peleando con una bestia de metal, infinidad de chasquidos metálicos rebotaban desde las escaleras y caían a la casa rompiéndose en una insoportable cacofonía, Tädros miró al muchacho y le esbozó una alegre sonrisa:
-Buenos días hijo, valiente noche haz pasado, agazapado en la puerta, ¿no es así?
-Así es, por favor, ¿puedes decirme por que tanto secreto anoche y alboroto hoy? contestó Atanael.
-Todo a su tiempo, vamos, acércate y come algo antes de que tu barriga comience a quejarse.
Atanael apuró el plato que le habían servido y una vez acabado dijo con la boca aún llena:
-¡Listo! ¿Ahora estas contento?, ¿puedo saber ya que es lo que está pasando?
-Muy bien Atanael, toma tu abrigo y acompáñame a dar un paseo por los linderos del bosque-
Atanael obedeció y salieron de la casa, no caminaron mucho hasta acercarse a los linderos del bosque de Anthoras que era famoso por su enorme tamaño, Tädros caminaba lentamente, disfrutando del fresco aroma matutino del bosque.
-Dime Atanael, ¿qué es lo que mas deseas de tu vida?-
Atanael hizo una mueca de desesperación y poniéndose frente a su abuelo le dijo:
-No creo que este sea el momento para reflexionar acerca de la vida abuelo, ¿quieres decirme que rayos se trata todo esto?-
El viejo rodeó a Atanael y siguió caminando:
-Atanael, te lo pregunto de nuevo, ¿qué es lo que mas deseas?-
-No se, hay tantas cosas…..hay algo en mi cabeza que me mueve a hacer muchas cosas ¡pero primero quiero entender que quiere decir!
-¡Exactamente!, Esa voz que te grita por dentro es tu pasión, tu conciencia y tu talento, pero no los entiendes por que no los conoces aún, veras, yo sentía lo mismo que tu cuando tenía tu edad, y tuvieron que pasar muchas cosas antes de que pudiera tan solo descifrar algunas de las palabras que me forjarían para toda la vida. En mi juventud las cosas pasaban de un modo mas acelerado, pues aquellos tiempos como te he contado, fueron muy difíciles, la guerra, muchas cosas tuvieron que morir dentro de mi para dar paso a otras que me develaron el destino de mi viaje en este mundo, hay muchas cosas que no te he contado, y ahora se me acabó el tiempo y debo tratar de hacer un resumen, lo suficientemente claro para que puedas entenderlo, ¡es tan difícil-
Un dejo de tristeza asomó por los ojos de Tädros y pareció tornarse mas viejo de lo que era mientras exhalaba un profundo suspiro:
-Muchas cosas pasaron antes de que sentara cabeza y me estableciera en Anthoras, sería inútil contártelas ahora pues no acabaría de mencionarlas todas, lo cierto es que en aquellos días, cuando el caos reinaba sobre las espaldas de la hija de Danül, esta voz de la que tu me hablas me guió por un camino que no he acabado de recorrer, los soldados que viste ayer, trajeron un mensaje del reino de Mör Sindol que ha estado desconectado del mundo durante mucho tiempo debido a la enorme culpa que pesa sobre el clan, tu mismo lo escuchaste ayer en la historia que contó aquel anciano, este mensaje me está requiriendo en aquella ciudad cuanto antes para terminar con viejas cuentas que debo con los Sindarel y con todo el pueblo Fiöna, no soy el único que ha sido llamado al concilio, muchos viejos mas lo atenderán, Fiönas de los tres clanes.
-Pero, ¿de que se trata?, ¿Que fue lo que hiciste durante la guerra?, ¿por qué jamás me lo contaste?
-No te lo conté porque son recuerdos dolorosos que a nadie le gusta revivir, lo importante es que tengo que irme y me preocupa mucho lo que vaya a pasar en el concilio y en todas las tierras de los Fiönas, parece que los tiempos de concordia están amenazados y Hessya acecha otra vez, por eso que nos han convocado a todos los que sobrevivimos a la guerra, debes estar muy atento a lo que suceda y seguir esa voz que te grita por dentro, atiende con atención y veras como comienzas a entender.
-Todo esto es muy confuso, ¿para que convocar a los ancianos? Si algo amenaza la paz, ¿no seriamos los jóvenes los que deberíamos enlistarnos?, el camino a Mör Sindol es muy largo, no conozco a nadie que lo haya recorrido jamás, puede ser peligroso, déjame acompañarte y asistirte al menos en el viaje para que vayas seguro.
-Ni tu ni tu padre tienen algo que hacer en Mör Sindol y es necesario que ustedes velen por la seguridad de los nuestros, en el caso de que algo suceda, recuerda que el ataque de Hessya no es con espadas y flechas, eso es lo que la hace tan peligrosa, es por eso que debemos reunirnos los que ya hemos luchado con ella para saber que hacer.
-Pero yo no tengo idea de cómo luchar, nadie me ha enseñado nada a excepción de cómo trabajar con el metal.
-Es precisamente allí donde está el comienzo de tu instrucción, la disciplina y el empeño que tiene tu trabajo, son la base para que tu pasión encuentre los modos de aflorar, es allí donde debes buscar. Se hace tarde y debo partir, regresemos a casa que tu padre ya debe estar desesperado.-
De esta forma ATädros terminó con la conversación y a pesar del bombardeo de preguntas que Atanael derramó sobre su abuelo, este solo se dignó a dar palmadas en la espalda de Atanael y sonreír hasta que regresaron a la casa sin pronunciar una sola palabra.
Cuando llegaron estaban de pié frente a la casa los cuatro soldados Sindarel que habían entregado el mensaje de Mör Sindol el día anterior, una pequeña carreta ya estaba dispuesta con todo lo necesario para el viaje de Tädros.
De la puerta de la casa salió Tandras cargando un viejo baúl que parecía muy pesado, Atanael corrió a ayudarlo y lo subieron junto con todas las demás cosas, Tädros se acercó y sacando una llave de su bolsillo la abrió, dentro había una deslumbrante armadura en tonos plateados y verdes, los colores del clan Cëntor y envuelto en una tela verde había un largo bulto que el viejo sacó, retiró la tela y tomo una espada que, aunque empolvada brillaba como si hubiese salido de la fragua el día anterior.
-Atanael, esta es mi espada, Crüfunmir la llamo, pues es la espada de la esperanza, hazle un favor a tu viejo abuelo, ve al taller y busca en la gaveta al fondo de mi cubículo, allí encontrarás su vaina, enfúndala y vuelve con ella para que pueda partir seguro, no corras con la espada sin vaina pues aunque es muy vieja, su filo no ha menguado con los años y en un descuido podría cortarte los dedos o hasta una pierna si llegas a tropezar.
Atanael hizo lo que su abuelo le pedía y aunque caminando, fue al taller a paso veloz. Cuando llegó encontró como lo había dicho Tädros una hermosa vaina bruñida con los mismos colores de la armadura, tomó la vaina en sus manos admiró el hermoso trabajo con el que estaba hecha y metió la espada, esta resbalo perfectamente hasta emitir un leve click que accionó algún diminuto mecanismo que hizo que una pequeña estrella labrada en la empuñadura se cerrara formando el emblema de la familia de Atanael embonando perfectamente con su contraparte simétrica en la vaina, Atanael dio un brinco y soltó la espada, esta cayó pesadamente al suelo, emitiendo un estruendo que retumbó por toda la galería del taller, Atanael se reprendió a sí mismo por su estupidez, el mismo conocía este mecanismo de las espadas que se trabajaban en la fragua de Tandras y no había pensado en esto al juntar las dos piezas, la recogió y mirando el pomo vio otro emblema que no reconoció, se encontraba en la punta del mango, hecho del mismo metal que hubiera visto la noche anterior en los caballos de los Sindarel, engarzado sobre una enorme joya de color verde. Se dio prisa y regresó a casa, lo que le tomó tiempo pues debía atravesar todo Anthoras para llegar.
Se sorprendió al encontrar vacía la casa y salió al patio que separaba la casa de la calle, cruzó la arcada de acceso y vio a su padre que regresaba por el camino que lleva al bosque.
-¿Qué ha pasado?Preguntó Atanael.
-Se ha marchado, no quería sufrir la pena de despedirse de ti, me ha dicho que la espada es tuya, y créeme, yo mismo te envidio pues aunque siempre se la pedí jamás quiso dármela, también te ha dejado una nota, tómala.
Tandras sacó de su capa un sobre sellado con lacre con el emblema de la familia
Atanael la tomó y leyó:

Atanael, la sangre Fiöna que corre por nuestras venas es muy caprichosa, tendemos a emprender grandes empresas y fundirnos en la pasión de la lucha y el gozo. Deberás aprender, tal vez por un camino muy doloroso, que tu vida tiene una oportunidad y una facultad, será cuestión de tu sabiduría decidir que hacer con la facultad, y con la oportunidad, debéis aprender a escribir sin miedo en las hojas blancas que componen el libro de tu historia, ten en cuenta que el valor es valor al momento de trabar armas con el enemigo pero también al momento de detractarlas para dejarlo pasar.
Deberás aprender a tocar el corazón de tu enemigo sin abrirle el pecho, es justamente allí donde el Hessia acecha, doblando tu voluntad como una barra de cera y cuando menos te lo esperes saltara sobre ti.
La mejor arma que puedes esgrimir es la que esta en tu conciencia, el amor es inquebrantable, confió en tu capacidad, cuida de tu hermana y calma a tu padre, estoy seguro que la rabieta de mi partida le durara varios días, que Danül te guarde.
Adjunta a la carta había un pequeño pedazo de papel y escrito con tinta roja había una frase que Atanel no entendería hasta algunos días después.

“Mira el amanecer en la fragua y despierta la pasión de tu corazón”

Corrió a la salida de la aldea para alcanzar a su abuelo pero fue inútil, Tädros se había marchado, solo encontró viento en el camino.

¡Tiremos todos juntos de la cuerda!!

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Una historia para mi hermosa tierra: México

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Provengo de una familia donde la épica y la fantasía se mezclan con la realidad, crecí escuchando histórias fantasticas de mi abuelo en las profundidades de la Huasteca, mas adelante me cautivaron toda clase de libros con historias de tierras lejanas y personajes asombrosos, comencé a escribir desde los 9 años, durante la adolescencia me entregué a la literatura épica y fantástica y de alguna manera mi vida se contagió y las histórias comenzaron a suceder delante de mis ojos. Al convertirme en padre y tener la oportunidad de contar cuentos e histórias estalló dentro de mí una fascinación por crear, ilustrar y musicalizar cuanta história brotaba de mi cabeza o la de mis hijos, el día de hoy me doy cuenta de que mi propia vida es el mejor lugar de donde sacar historias y gozo profundamente al plasmarla en alegorías con imágenes, textos y musica.