jueves, 18 de abril de 2013

De Atanael y Sindara Capitulo VIII





 Mïrthas







                En el principio Danül la madre primigenia, creo a su primer hija la tierra, sobre la que derramaría todo su amor y ternura. Cuando la vio por primera vez su corazón se alegró, era hermosa, gentil, y llena de vida. Su espalda era perfecta, el contorno femenino que evoca la ternura, la admiración, el símbolo mismo de la creación, donde la fertilidad encuentra su máxima expresión para crecer y crear.  

La hija de Danül paseaba mientras sus espaldas se llenaban de vida, preparándose para recibir el regalo mas grande, la vida misma que la habitaría por siempre.

Pero en las sombras Hessya observaba con envidia como la belleza de la hija de Danül crecía y se propagaba por sus espaldas. Mientras tanto Hessya se encrespaba y retorcía en espasmos de dolor y resentimiento secretando en su interior el veneno mismo que desprecia el amor y la virtud.

Cuenta la leyenda, que cuando el corazón de Hessya se llenó de envidia y resentimiento, una gran roca se formó en sus entrañas. entre gritos de dolor y náusea la vomitó, era una roca dura y con aristas afiladas, porosa y opaca, como una piedra volcánica impregnada de de una membrana verdosa y coloidal, el extracto del odio y la envidia.

Hessya tomo la roca y con fuerza la arrojó sobre las hermosas espaldas de la hija de Danül, la filosa roca se incrustó sobre la carne, caliente y ponzoñosa, la roca de Hessya se hundió mas y mas en la piel de la hija de Danül hasta que nada la pudo remover de su sitio.  

Danül intentó sacar con todo su poder la horrible roca de la carne de su hija, pero con cada intento, lastimaba aún mas a su bella hija.

Fue así que la inmaculada espalda de la hija de Danül quedó marcada con la envidia y el odio de Hessya, desde entonces aquel sitio sobre las espaldas de la hija de Danül se encuentra solitario, condenado a la ausencia de cualquier signo de benevolente fertilidad abrigando tan solo la vida que se alimenta de la envidia y el odio de Hessya.

Los Fiönas conocen y temen ese sitio, lo llamaron Mïrthas, la palabra en el lenguaje Fiöna que se reserva para describir las llagas del alma, aquellas que duelen por toda la eternidad.

Aquel sitio se encuentra en medio de un valle cubierto por una fétida niebla que opaca la vista, el espíritu y la conciencia, está habitado por las peores alimañas, parásitas criaturas que viven alimentándose del odio que aún secreta la piedra de Hessya. El lugar está constituido por una sola roca, enorme y llena de cavidades donde se oculta la infección y la maldad del universo, aguardando a saltar por cualquier incauto que se atreva a penetrar las inhóspitas tierras de Mïrthas.

La cabeza de Atanael dio vueltas mientras el dorado resplandor del medallón de Damachdiël lo deslumbraba, apenas y podía balbucear palabras y gemidos de terror.

El muchacho rubio volvió a sujetar a Atanael, esta vez por el costado, y con un leve giro del antebrazo lo levantó para acomodarlo suavemente de espaldas al árbol con el que se había golpeado, sacó un paño de entre sus ropas y humedeciéndolo con agua de un pellejo que cargaba le limpió la frente y le ofreció algo de agua para beber, incrédulo Atanael tomó la bolsa y se humedeció los labios.

Se relajó y esperó a que el mareo del golpe se disipara, cuando se sintió mejor, el joven le ofreció la mano para que se incorporara.

-¡Pero que demonios está pasando! exclamó Atanael con aire burlón.
-¡Dímelo a mi! respondió Damachdiél sonriendo. Un tiempo atrás, ésta maldita baratija se me clavó en el pecho y desde entonces tengo la necesidad de caminar y caminar, mis piernas y mis brazos me han puesto a andar, y me han traído hasta acá, aquél día de la tormenta un extraño resplandor en el cielo me hizo acercarme al bosque de Anthoras donde te encontré torciéndote en el suelo con una cosa idéntica metiéndose en tu pecho ¡por eso es que te estuve siguiendo! tal vez tu puedas explicarme que diablos significa esto, es como una maldición, de pronto el metal me quema el pecho y comienzo a andar sin que nada pueda detenerme, ¡la fuerza que me anima no tiene límite! 

El rostro de Damachdiël reflejaba angustia y confusión, parecía increíble que aquel muchacho que derribaba arboles a su paso pareciera tan frágil y asustado, tal y como se sentía Atanael.

Atanael se incorporó con la ayuda de su nuevo amigo, se sentía un poco mejor y la idea de que alguien mas sufriera la misma maldición lo hizo sentirse reconfortado.

Se sentaron e intercambiaron las historias de lo que les hubiese sucedido desde que el medallón se imprimiera en cada uno de ellos.
El muchacho contó que de vuelta en su hogar, Taras Lëvie, Damachdiël era un agricultor y que arando la tierra había descubierto un extraño paquete bajo la tierra, dentro se encontraba el medallón y un extraño pergamino escrito en una lengua que no podía leer, al terminar la jornada se había sentado a admirar el medallón, éste, al igual que con Atanael había escurrido una cadena y al colgárselo en el cuello cambió su forma por un extraño liquido que se le había colado por los poros infligiendo un tremendo dolor, al instante Damachdiël había perdido la memoria y no recordaba nada hasta que se encontró vagando cerca de Anthoras, caminaba con una fuerza incansable que lo dominaba sin poderse detener.

Atanael pidió a Damachdiel que le mostrara el pergamino, tenia unas cuantas lineas escritas en la lengua de los Sindarel, Atanael tampoco sabía leerlas pero pudo identificar la procedencia del documento, entonces Atanael contó la historia de su abuelo y el largo viaje que había emprendido con rumbo a Mör Sindol acompañado de los soldados de ojos plateados, también le contó su plan de alcanzar a su abuelo y que se dirigía a Nolthorión con la intensión de pertrecharse para el gran viaje y tal vez encontrar noticias de Tädros.

-Atanael, no cabe duda que Danül nos tiene reservado un largo viaje juntos y si mis pies me trajeron hasta aquí no puedo mas que seguirlos para tratar de encontrar la respuesta a lo que nos está pasando, te acompañaré en tu viaje y encontraremos a tu abuelo y a los Sindarel para que me saquen esta endemoniada cosa del pecho.

Regresaron a la orilla del río y después de terminar la comida que habían interrumpido tan abruptamente, recogieron sus cosas para continuar el viaje con destino a Nolthorión.
Atravesaron el bosque de Anthoras y poco después del atardecer alcanzaron el extremo oriental del bosque, frente a ellos se extendía una verde pradera salpicada por algunos árboles, en el horizonte se perfilaban los túmulos que marcaban la frontera con el valle de Mïrthas, un escalofrío recorrió la espalda de Atanael, había escuchado terribles historias de aquel lugar pero jamás se había acercado.

Para el atardecer alcanzaron las fronteras del lúgubre páramo de Mirthas, Atanael miró a Damachdiel buscando un gesto de consuelo, el herrero tenía completa conciencia de las consecuencias de penetrar en aquellas ciénagas y la idea de pasar la noche en aquél lugar no lo animaba.
Para sorpresa de Atanael, Damachdiel parecía tener la vista fija en el horizonte, caminaba a paso constante. Así fue que los dos viajeros penetraron en Mïrthas mientras el paso constante de Damachdiel forzaba a Atanael para vencer su miedo.
Poco a poco, el suelo comenzó a tornarse mas húmedo y lodoso, hasta que prácticamente caminaban con las piernas hundidas en el barro hasta las rodillas.
Una extraña niebla cubría la superficie y tan pronto como penetraron en ella su mente se nubló, respirar aquella inmundicia tóxica, velaba la conciencia y los sentidos.

La niebla se tornó cada vez mas espesa y Atanael apenas distinguía la silueta de Damachdiël que caminaba apenas a unos metros de el, por doquier se escuchaban los siseos de las alimañas que acechaban a los caminantes, aquí y allá chapoteaban en las charcas criaturas inimaginables que corrían de un lado a otro rozando las piernas de Atanael.

EL herrero estaba cansado y atontado, se concentraba en seguir el paso de Damachdiel quien parecía no sucumbir ante los tóxicos efectos de Mïrthas, su paso era fuerte y constante, Atanael jadeaba de agotamiento y pronto el esfuerzo para sacar su pierna del lodo para dar un paso mas lo venció y cayó pesadamente sobre el lodo, aquel pantano comenzó a tragárselo, pareciera que lo succionaba por las piernas al fondo.
Atanael se quedó inmóvil y extendió los brazos intentando detener su inmersión en el fango, entonces sintió la firme mano de Damachdiel que lo aferraba por los hombros, de un solo tirón lo sacó del fango y lo colocó de nuevo en el piso, el compañero de Atanael tomó un pedazo de cuerda que llevaba atada al cinto y la sujetó con un nudo a la cintura de Atanael.
-La próxima vez que el maldito pantano quiera tragarte, deberá llevarnos a los dos primero.
Atanael despertó del letargo en el que la tóxica polución lo había hundido, siguió caminando tratando de mantener el paso de Damachdiel.
Los viajeros perdieron la noción del tiempo pues dentro de aquel pestilente lugar, la cerrada bruma verde cubría todos los rayos del sol resplandeciendo con una mortecina luz verdosa. Atanael hizo un cálculo grueso, debía estar ya muy entrada la noche cuando la fatiga lo hizo caer de nuevo al lodo, esta vez, Damachdiël lo arrastró por varios metros hasta que Atanael gritó con media cara bajo el fango.

-¡Damachdiel! espera, no puedo dar un paso mas, ¡estoy muerto!

A regañadientes, el compañero de Atanael hizo un alto y esperó a que el otro se levantara, estaba empapado y con el cabello lleno de aquel verde y pestilente fango.

-¡A este paso tardaremos una semana en atravesar este maldito lugar! A Atanael le molestaba la frecuencia con que Damachdiël maldecía.

Acamparon en aquel lugar, comieron un poco de lo que llevaban en sus mochilas y se dispusieron a descansar, Atanael no pudo conciliar el sueño, la humedad lo calaba hasta el tuétano y los hediondos vapores del pantano le hacían difícil respirar.
Dormitaron incómodamente durante algunas horas hasta que Damachdiël desesperó y se puso de pié.

-A esto no se le puede llamar descanso, sigamos adelante para encontrar un mejor lugar donde dormir.

Atanael trato de levantarse y las fuerzas le fallaron, Damachdiël lo tomó del brazo y lo puso de pié.

-¡Andando Atanael! si nos quedamos aquí nos convertiremos en un pedazo de inmundicia.

Comenzó a caminar y el tirón de la cuerda puso al herrero en marcha.
Arrastraba los pies sobre el fango, su mirada estaba totalmente nublada, el sonido de Damachdiël al caminar entre el lodo y las charcas lo guiaban.
Atanael se arrastró por varias horas hasta que alcanzaron un lugar donde la roca era mas firme y los pies no se hundían en el fango. Damachdiël se apoyó en el tronco de un árbol muerto mientras Atanaël se tumbo sobre la roca húmeda sin poder ver y muerto de cansancio, le palpitaban las sienes y tenía los oídos tapados por el esfuerzo, agachó la cabeza y el cabello azabache y lleno de lodo le cayó en la cara, un mechón de cabello se metió en su boca mientras jadeaba para tomar aire, el sabor dulzón del lodo le provocó nauseas.

De pronto se escuchó un bramido, Atanael levantó la cabeza y solo vio aquel tronco muerto hecho trizas, a un lado de el salían burbujas de una charca, la cuerda que tenía atada a la cintura se tensó y de un solo jalón lo sumergió hasta los hombros, Atanael logro asirse de una roca.
Aunque abría los ojos no distinguía nada, la niebla lo había cegado, todos sus músculos temblaban de fatiga.

-¡Que ironía! se dijo Atanael, ni siquiera pude llegar hasta Nolthorión, la cuerda lo jalaba al fondo de la charca en vertiginosos tirones, sus manos se resbalaban de la roca hasta que su cabeza quedó bajo el agua podrida, El herrero se resignó a morir entre aquella inmundicia, pero de la nada escuchó una dulce voz que lo llamaba:

-¡Tus días no terminan aquí herrero! todavía hay mucho camino por recorrer, no te des por vencido aún.

Un fuerte tirón mas lo hizo soltar la roca y se hundió por completo en aquel fango, pero algo lo tomó por la mano y tirando fuertemente lo sacó de nuevo a la superficie, muy lejos de ahí, un agitado sueño perturbaba a una joven en su lecho.

 Atanael se sintió mejor y su vista regreso algo borrosa, distinguió la piedra de donde se había sostenido y volvió a aferrarse con fuerza para salir de la charca.
Apenas se vio libre, tomó la cuerda y lanzando un grito que resonó por todo el valle tiró de la cuerda con todo lo que le quedaba de fuerza, de inmediato asomó por el lodo la desarreglada cabellera de Damachdiël quien al instante sacó los brazos y tomó por los hombros a Atanael, con la fuerza que ya había sorprendido al Fiöna, el rubio se libro y salió del fango.
Cuando al fin se encontraron a salvo, Atanael se quedó tumbado en el suelo sin sentido, entonces Damachdiël lo cargó en su espalda y reanudó el viaje corriendo entre los juncos, mientras cruzaba el pantano decía:
-¡Maldita sea!, no hay nada que odie más que estos asquerosos bichos.-

















jueves, 4 de abril de 2013

Historias para la Primavera


Como parte de la gira de Tumblebug y El Alquitrán por el Lago del Ombligo de la Luna, tuvimos la presentación: Historias para la Primavera, haciendo un homenaje a la hermosísima capacidad de la humanidad para asombrarse y disfrutar las estaciones y los distintos vestidos de nuestra madre tierra.

Comenzando por la primavera, con muchísimo gusto pudimos compartir con gente muy especial las canciones e historias, les comparto el programa que dimos.


Abrimos con la canción del Príncipe de las Estrellas  para situarnos en el viaje que todos los hombres hacemos, bajando desde las estrellas hasta plantar nuestros pies sobre nuestra hermosa Madre Tierra.


Después continuamos con la historia: "El Cuento y La Verdad" cruzando el umbral de las Tierras de Allá para soñar con el amor que desde el cielo se refleja en la tierra poniendo como ejemplo la hermosa Luna quien hizo el preámbulo de la historia protagonista de la noche "Flor de Mar" donde se hizo patente que el amor de pareja puede vencer al tiempo y a cualquier obstáculo.


Enseguida El Alquitrán rindió culto al amor por la tierra y la gente que forjan la patria interpretando No hay Mejor Tierra para cerrar con una pequeña historia que me compartió una hermana Contadora de historias que vive en Londres y que aún no he publicado en este foro "la Locura también juega a las escondidas" un hermoso relato que habla de la relación que tiene el amor con el comportamiento de la gente.

Finalmente nos despedimos con El Cazador de Sueños rindiendo honor a todos los visionarios que emprenden aventuras para hacer de este un mundo mejor.

Una noche que me hinchó el corazón por las sonrisas, el cariño y una que otra lágrima dulce derramada con ternura.

Muchas gracias a esta hermosa gente que me acompañó a contar historias, no puedo mas que pagar con mi entusiasmo y compromiso para seguir contando historias.

Con todo respeto y cariño


Tumblebug





Nessa Anärion abrió la noche con las notas del Príncipe de las Estrellas.


Mientras tanto Elros Tasardur derramaba hermosas notas.



Aikanäro Sürion dio un toque mágico a la música del Alquitrán.


Cuando hay tanta gente con el corazón abierto, solo tengo que abrir la boca y las historias salen solas.


Nada mejor para acompañar un viaje por las tierras de Allá, que una deliciosa Pizza y una copa de vino.


La noche se hizo aún mas especial con la compañía de personas que admiro mucho como mi Dream Sister: Elizabeth Segoviano talentosa contadora de historias.


Y que decir del Maestro Don Luis Cuentacuentos quien en tan solo unos minutos de amena charla me llevó a un viaje por su notable vida como contador de historias.





Y para cerrar la noche: un ensamble de ritmo con cajones.


Aikanäro Sürion y Elros Tasardur haciéndonos mover los pies con los ritmos de los Elfos.




Muchas gracias a Urban Pizza por abrirnos las puertas de un delicioso lugar.


¡Hasta la próxima!



domingo, 31 de marzo de 2013

Próxima presentación de Tumblebug y El Alquitrán





Muy queridos amigos, como parte de la gira que estamos haciendo por la hermosa ciudad de los palacios, tendremos nuestra próxima presentación el miércoles 3 de Abril.

La primavera en las tierras de Allá


¡No se la pierdan!



jueves, 21 de marzo de 2013

La Caja de Historias

¡Por fin llegó la primavera! y para celebrarla, que mejor que una historia. No me gusta dar mucho preambulo a las historias, ellas hablan por si solas, aquí les dejo ésta que me llegó de muy lejos.







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martes, 19 de marzo de 2013

El Teatro de Sombras de Tumblebug

No te pierdas, en el marco de la gira de Tumblebug y el Alquitrán:

"Por el Lago del ombligo de la Luna"

EL Teatro de Sombras de Tumblebug


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viernes, 15 de marzo de 2013

La Tarde desnuda




¡Hola! soy Tumblebug, y hoy te quiero hablar desde un ángulo un poco mas personal. Hoy no te voy a contar una historia de alguna persona que viva en un lugar muy lejano. 
Hoy te voy a contar una historia muy personal.

Ese que ves en la foto soy yo ¡Si! con esa cara de bobo ¿y sabes por que? por que en ese momento tenía el alma llena de asombro y admiración al darme cuenta de que estaba frente a algo que es millones de veces mas grande que yo y cualquier cosa que pueda imaginarme.

Si me conoces sabrás que siempre llamo al bosque como mi padre y es que, ¡así es!
Mi padre biológico murió unos años atrás, fue un gran hombre ¿sabes? por su educación era un hombre conservador, acostumbrado a seguir las cosas al pié de la letra, siempre con la ética y la moral como rígida pauta para todo lo que había que hacer.

Soy el menor de varios hermanos y como tal, me tocó ser el mas berrinchudo, siempre llevando la contraria, lo que me ganó muchos disgustos con mi padre.

Pero no te quiero hacer la historia muy larga, en pocas palabras: 

A mi papá se lo comió el cáncer y dos días antes de morir, lo acompañé durante toda una noche, platicamos de todo lo que nos gustaba y lo que no nos gustaba, recorrimos, durante la madrugada, 40 años de historia y al final, me dijo que estaba muy satisfecho de su vida, que estaba tranquilo y el regalo mas grande que me hizo fue, al final de nuestra larga charla, cuando ya había amanecido, puso su mano sobre mi hombro y me dijo:

"Estas loco y haces cosas con las que no estoy de acuerdo, pero eres feliz con los tuyos y eso me hace muy feliz, no dejes de hacerlo, es mas, ¡hazlo con todas tus fuerzas!"

Mi padre se murió dos días después y jamás he conocido a alguien que se haya ido con tanta paz y con tanta alegría en el corazón, desde entonces algo increíble pasó, comencé a sentirlo en el aire, en el crujir de los árboles, en el murmullo del agua, y cada vez que entro en el bosque, lo escucho y lo siento, poniéndome su mano de nuevo en el hombro, diciéndome, ¡No dejes de hacer las cosas que haces! y su amor junto con el de todo el universo me llena el corazón.

Siempre me gustó el bosque, pero ahora hay algo tan fuerte y tan especial, que no puedo alejarme de el.
De estas experiencias nació "La tarde desnuda" espero que con todo este paquete emocional (que espero hayas entendido) leas este pequeño escrito con todo lo que tiene.

¡Gracias Papá!



La Tarde Desnuda

Es ya de tarde, en solo unos minutos comenzará a llover; una tarde de esas calmadas no muy húmeda todavía, aunque el aire ya huele a tierra mojada. 
Sopla una leve brisa, de esas que no dan frío y refrescan el alma. Estoy cansado pero tranquilo, me desnudo y por instinto quedo tendido sobre la hojarasca; aspiro, y al hacerlo el bosque hecha sus raíces por mis entrañas, la piel se endurece y encrespa hasta convertirse en corteza, pequeños líquenes en mi cuerpo se erizan al fundirse con el bosque.

Los pájaros cantan tranquilamente, más que de costumbre, como queriendo oír, oír el agua cayendo antes de tocar las copas de los árboles. Los insectos revolotean como zonzos junto a mi cuerpo, adoran estos momentos así que se toman su tiempo, salen de entre la hojarasca, de los troncos caídos y de abajo de las piedras para sentir, sus millones de conciencias hacen eco en mi mente, hacen a un lado su laboriosa agitación para susurrar tranquilos una plegaria de agradecimiento a las nubes.El sonido de un trueno retumba levemente pero no lejano, justo sobre mí,  primero muy quedito, seduciendo a los arboles, y estos responden moviéndose inquietos, como rogándole a las nubes:

-¡Suéltenla!, ¡Suéltenla ya!

-De pronto…..-¡Tic!- Suena entre la hojarasca. 

¡Y otro más!  -¡Tic!-, cada vez más frecuentes:

-¡Tic!, tic, tic, pequeñas gotas mudas que no son ni siquiera llovizna, condensación del vaho de una nube aspirando, el preludio de un chaparrón.



martes, 12 de marzo de 2013

Tres mil Aztecas

Muchas cosas están pasando en mi quehacer como contador de historias y me tomo un respiro para traerles una historia y pedirles un favor.
La historia "Tres mil Aztecas" es una obra que sale un poco de mi estilo acostumbrado de escritura, y ya que camino sobre terreno desconocido, puede que mi narrativa no sea muy clara, agradeceré que después de leerla me platiquen si es que la historia es clara.
La historia nació en un ejercicio dentro del taller de literatura donde me pidieron escribir una historia basada en el cuento "El Dinosaurio" de Augusto Monterroso.

Eso es todo, agradeceré infinita mente sus opiniones.




Tres mil Aztecas.



                       -¡Buenos días Monsieur Monterroso! El Emperador anda un poco ocupadito, ahorita lo recibe, ¿Gusta una copita de vino mientras lo espera?, ¡tenemos un “Chateau du Guadalup” de California delicioso!

Dijo la recepcionista que lucía el corte de moda, muy al estilo de Cleopatra, Monterroso prefería las largas y lacias cabelleras que usaban las mujeres en los setentas.

-Muchas gracias Mirelle, así estoy bien.

El licenciado Monterroso se sentó en el exquisito sillón de piel que había en la antesala del despacho, por la ventana se apreciaba la hermosa metrópolis. Anchos canales de agua cristalina que comunicaban la gran capital del imperio; masivos palafitos como arañas sobre el lago que sostenían palacios de más de setenta pisos de altura. La columna de la independencia enmarcada por el paseo de la Reforma; Monterroso recordaba perfecta mente el día que iniciaron los trabajos de su construcción, habían tenido que hincar los pilotes de madera varias veces pues éstos se curvaban y desviaban todo el tiempo.

-¿Qué nuevos negocios lo traen por acá Señor Monterroso? El Emperador siempre se entusiasma con las cosas que usted le trae, francamente, no creo que el imperio cuente con un proveedor semejante a usted.

La boca de la linda chica parecía brincar en su delicado rostro, pintada de esa manera, con colorete solo en la parte central de los labios, haciéndolos parecer un corazoncito diminuto.
Augusto Monterroso se había posicionado, desde hacia varios años, como el principal proveedor de tecnología para el imperio Mexicano, comenzando por infraestructura urbana, armamento, comunicaciones, procedimientos administrativos y muchas otras disciplinas, aunque su negocio era de carácter privado, era considerado uno de los pilares primordiales del imperio; pero la visita de hoy no tenía nada que ver con nuevos ordenadores digitales, ni con especies transgénicas, Monterroso tenía un nudo en el estomago, ese nudo que solo el terror y la angustia saben tejer en el cuerpo de los hombres; no sabía exactamente cuánto tiempo le quedaba, debía conseguir a toda costa tres mil Aztecas, la hermosa moneda de oro de especial aleación, que solo el Emperador podía emplear, el mismo Monterroso la había diseñado a partir de de un doblón español que le llamó la atención en la feria mundial de Sevilla en el noventa y dos.
-¡Malditas Jeringas! Pensó Augusto mientras se miraba el antebrazo, un diminuto punto rojo se alcanzaba a ver en su piel.

-No Mirelle, hoy vengo a verlo por un asunto personal, ¿Se irá a tardar mucho?

-Tal vez; se encuentra en sesión con el Arzobispo Larrainzar, usted sabe que a veces se toman mucho tiempo en sus “asuntos”

Contestó Mirelle guiñando el ojo, era más que sabida la intima relación que el Emperador y el Arzobispo sostenían.
Augusto se acomodó en el sillón tratando de fingir una sonrisa; miró el reloj de pared detrás del escritorio de la recepción, eran las once treinta y seis de la mañana, bonito reloj era aquel, él mismo había creado esa línea de relojes, los había visto en e-bay; además de dar la hora, desplegaba en una pequeña pantalla. La fecha y las fases de la luna, todo enmarcado en un hermoso cajón de madera tallada con motivos vegetales:

-Diez y nueve de junio de mil novecientos veintitrés.

 La luna estaba en cuarto menguante; en su mente se cristalizó el recuerdo clarísimo en esta misma fecha, pero de mil ochocientos sesenta y siete; habían fusilado al Licenciado Juárez, que ironía, el mismo Monterroso le había puesto la pañoleta en los ojos.
-¡Ah!, ese infeliz de Benito. Pensó Augusto, quería formar una república, aquel mismo día había caído el partido liberal.

 -¡Que fácil fue!

Con eso de que Benito era espiritista, Monterroso había hecho públicas sus esotéricas practicas, gracias a eso, Juárez y su partido habían perdido credibilidad ante la esfera de poder y el gobierno de los gringos, después todo había sido muy fácil, una cosa llevó a la otra terminando por la pena máxima por traición.

-¡Qué gran gloria para el imperio!

 Desde entonces todo fue miel sobre hojuelas para Monterroso, ¡lo había logrado! Después de tantos esfuerzos y experimentaciones, Maximiliano resultó ser un gran emperador, no podía decir lo mismo de su nieto quien se besuqueaba del otro lado del cancel con el Arzobispo primado del Imperio Mexicano haciéndolo esperar en un momento tan crucial.
El ruido que Mirelle hacia en el teclado lo arranco de sus cavilaciones, miró la pantalla de plasma, la chica chateaba a sus anchas.

-¡Estas redes sociales son una porquería! terminarán por dar al traste con la conciencia de la nación que tanto le había costado a Augusto llevar hasta el primer mundo, pronto tendría que hacer algo para erradicarlas.

 -No será difícil; la reflexión le trajo de nuevo el nudo que ahora apretaba más fuerte.
Miró de nuevo la ventana, el Gran Monoriel urbano pasaba por las faldas del cerro de Chapultepec, era increíble, no emitía ningún ruido, solo un leve siseo.
-¡Igualito al de Disney World! Que bonita había sido la inauguración, recordaba el listón tricolor que cortó el Emperador, después los cohetes y la algarabía en toda la ciudad.

-Ni Marcelo con su fiesta de Bicentenario se había acercado a aquel magno evento.

De pronto vino el característico mareo acompañado del escalofrío, no le quedaba mucho tiempo, se levantó del sillón y caminó en círculos por el salón, pensó en la manera de convencer al Emperador para que le diera las preciadas monedas.

¡Qué difícil!, ni toda su fortuna podía sacarlo de aquel tremendo embrollo, y es que… no podía permitir que le ocurriera de nuevo, no podía volver a entonces, no sin un medio seguro de regresar al México Imperial.

Recordó aquel gran día, cuando todo comenzó, justo detrás de Torre Mayor, caminaba por la calle de Río Elba cuando se encontró con aquel indigente tirado en suelo, la piel oscura de mugre. Los dientes negros y cabello como estopa, tieso y sucio, aquél sucio hombre le había mostrado el modo de poder realizar todos sus sueños.

-La quincuagésima parte de un mililitro por cada cien mil años. Había dicho el hombre.

- ¡Maldita sea! Y es que las jeringas de acá no estaban tan bien graduadas, y para colmo de males, le había tocado una jeringa defectuosa. El mismo lo verificó después de inyectarse, y había herrado por veinte mililitros.

 -¡Veinte mililitros! Pero era demasiado tarde, no podría evitar volver a aquella caverna donde se había refugiado aquella vez, lo que si podía hacer era afanarse un boleto de regreso al México Imperial por el que tanto había trabajado.

Tres monedas de mil Aztecas, correctamente radiadas y sublimadas serian suficientes para destilar el preciado elixir, y eso si, una nueva jeringa, bien graduada.
Otro mareo lo tiró al piso, y esta vez vino con una serie de convulsiones, Mirelle olvidó el chateo y corrió junto al pobre de Augusto.

-Monsieur Monterroso! ¿Está usted bien?  ¡Auxilio!, alguien ayúdeme!

Ojos en blanco, la espuma saliendo por la boca y todo tornándose oscuro, pensamientos vertiginosos por su cabeza:
 El Emperador, la Reforma, el hoy no circula, Salinas de Gortari, el terremoto de 85, la intervención francesa…

¡Alto! Y perdió el sentido.

Jurásico ciento sesenta millones de años atrás, de vuelta a la caverna donde se había refugiado la primera vez que había viajado con el extraño elixir, en aquella ocasión tampoco había medido bien la jeringa.


Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.




¡Tiremos todos juntos de la cuerda!!

¡Tiremos todos juntos de la cuerda!!
Una historia para mi hermosa tierra: México

Tómate tu tiempo para viajar a Allá

Tómate tu tiempo para viajar a Allá

Es Tiempo de la Nueva Revolución

Es Tiempo de la Nueva Revolución
La Revolución de la humanidad, La revolución de tus sueños

¿Estas dispuesto?

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Viajar sin límites es mas fácil de lo que crees

Está mas cerca de lo que crees

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Provengo de una familia donde la épica y la fantasía se mezclan con la realidad, crecí escuchando histórias fantasticas de mi abuelo en las profundidades de la Huasteca, mas adelante me cautivaron toda clase de libros con historias de tierras lejanas y personajes asombrosos, comencé a escribir desde los 9 años, durante la adolescencia me entregué a la literatura épica y fantástica y de alguna manera mi vida se contagió y las histórias comenzaron a suceder delante de mis ojos. Al convertirme en padre y tener la oportunidad de contar cuentos e histórias estalló dentro de mí una fascinación por crear, ilustrar y musicalizar cuanta história brotaba de mi cabeza o la de mis hijos, el día de hoy me doy cuenta de que mi propia vida es el mejor lugar de donde sacar historias y gozo profundamente al plasmarla en alegorías con imágenes, textos y musica.